Soy consciente de que, pasados cuatro días desde las elecciones, estas cosas están más que habladas, pero no me resisto a exponerlas, dominado quizás por esa dichosa e ilusa aspiración de uno a que se llamen a las cosas por su nombre. Me refiero a la forma en que son recibidos los resultados electorales por las fuerzas políticas concurrentes. Hasta donde me alcanza la memoria, lo más habitual en este sentido, todo un clásico, ha sido que los partidos nunca reconocieran su derrota: siempre han encontrado alguna lectura positiva que la enmascarase. De esa manera, además, se esquivaban las dimisiones, esos actos tan infrecuentes en nuestra vida pública. En estas últimas elecciones, las cosas han no han cambiado mucho, aunque el escenario ha tenido sus rasgos propios. Por ejemplo, ha habido una fuerza que sí ha reconocido sus malos resultados, pero sin dimisiones llamativas, aunque alguna ha habido. Por otra parte, la fuerza ganadora no ha tirado cohetes especialmente, mientras que otras con resultados nada positivos para sus expectativas, sí. En el caso concreto de uno de los partidos, una millonaria pérdida de apoyos, que ha provocado los peores resultados históricos de la formación, lejos de ser considerada como una derrota, ha sido recibida con júbilo y calificada de «remontada». No deja de ser paradójico. Es comprensible, sin embargo: la posibilidad de pillar un trozo de gobierno, aunque sea con votos ajenos, porque los propios no les dan, debe de cegar. Ocurrió hace unos meses en Andalucía, donde esa misma fuerza política había obtenido también sus peores resultados, pero ahí está gobernando. Sin duda -es legítimo-, los pactos forman parte de la democracia, pero a mí no dejará de molestarme que me quieran tomar por tonto con declaraciones que no se atienen a la realidad de las cosas. Un discurso honesto y realista por parte de los líderes ayudaría a una mayor afección hacia nuestro sistema político. Pero eso es mucho pedir.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios