La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Volver a empezar

Tic tac, tic tac. El reloj avanza inexorable, y a los llamados a detenerlo mediante una investidura pactada les está entrando el vértigo. Es el momento para que florezcan "soluciones" a la desesperada, como la coalición a prueba, del lado de Unidas Podemos (gobernamos juntos hasta los próximos presupuestos y si no funciona Sánchez nos expulsa del Consejo de Ministros, pero seguimos apoyándolo desde fuera), o la investidura revisable, del lado del PSOE (gobernamos en solitario con un programa común y a mediados de legislatura metemos a Podemos en el Gobierno). Extravagancias.

¿Por qué estos ataques de pánico? En Podemos, porque Pablo Iglesias es consciente de que la repetición de las elecciones va a confirmar que cometió el error de su vida al rechazar la vicepresidencia del Gobierno y tres ministerios en la investidura fallida. En el PSOE, porque Pedro Sánchez ya no está tan seguro de que la segunda vuelta electoral mejore sustancialmente su posición.

Nadie sabe lo que pasará en noviembre. Ciertamente, el único que está contento con la convocatoria de nuevas elecciones es Pablo Casado. Hay razones para el pesimismo de Sánchez. Una, que son los votantes de izquierda los más propensos a abstenerse por la frustración de las negociaciones que les fuerza a votar de nuevo. Dos, que no todos asumen el relato que endosa a Iglesias la culpa del fracaso de la izquierda. Tres, que los escaños que tal vez gane serán claramente escaños que pierda Unidas Podemos. O sea, que tampoco entonces habrá mayoría absoluta progresista.

Ni de derechas: la recomposición del centroderecha se hará a favor del PP y en detrimento de Ciudadanos y Vox, pero seguro que no les dará para superar al conjunto de la izquierda y los nacionalistas de diverso pelaje. Con lo cual la situación vuelve al punto de partida, es decir, a un PSOE convertido en primera fuerza política del país con alrededor del 30% de los votos emitidos y obligado, por tanto, a pactar con otros para liderar un Gobierno estable.

El panorama más previsible sería para echarse a temblar o indignarse, o las dos cosas, salvo por un detalle: los actores tendrán que cambiar, y van a cambiar. Sánchez buscará en serio la abstención de PP y Ciudadanos, y Casado no resistirá la presión social y empresarial para terminar con el bloqueo. Ni siquiera Rivera la aguantará. Lástima que nos hayan hecho perder tanto tiempo para intentar la normalidad.

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