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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Vuelve 'Mercurio'

El 'Mercurio' camisa vieja era una revista que tenía mucho de artesanal, en la línea mijita que caracteriza a su editor

Anda Javier González-Cotta (JGC) contento por las calles cual padrino en un bautizo. La razón no es otra que la recuperación de la que -ahora nos damos cuenta- es la gran pasión de su vida: la revista Mercurio, una publicación que él pensó y confundó con Ángel Cervantes (después retirado a la comunicación municipal y al noble periodismo taurino) en la seguna mitad de los noventa. En estos días recordamos aquellas primeras conversaciones sobre el proyecto en la redacción de un periódico hoy desaparecido, la minuciosidad (tan javieriana, por otra parte) con la que se fraguó la idea de crear una revista gratuita de libros andaluza. Aquel JGC, que por entonces escribía un libro sobre su paso por un colegio mayor del Opus Dei en la Universidad de Navarra, parecía un faquir que se movía en bicicleta y se alimentaba apenas de manzanas (eso sí, siempre brillantes e impolutas). El Mercurio camisa vieja era una revista que tenía mucho de artesanal, de elaboración lenta y muy meditada (en la línea mijita que caracteriza a JGC), pero que nunca fallaba a su cita con los lectores a primeros de mes.

Poco a poco la revista fue creciendo. La también escritora Lale González-Cotta se encargó de la intendencia (labor que ejercía con insobornable dedicación) y Marcos Fernández se incorporó para llevar los temas de publicidad. El mismo que esto firma también llegó a aquella pequeña oficina de la sevillana Cuesta del Rosario para ejercer de redactor jefe sin redactores. Como en cualquier empresa periodística que se precie, hubo de todo: carcajadas, broncas, tensiones, borracheras, días festivos trabajados, entusiasmo, hastío... El resultado está en la memoria y las hemerotecas para que cada cual lo juzgue como le venga en gana. De recuerdo, nos queda el cuadro que el pintor Juan Maestre nos regaló cuando pasamos por vicaría, y en el que se representa un ejemplar de Mercurio entre libros. También más de una amistad que nos han proporcionado, ya saben, "la extraña sensación de no sentirse solo".

Después, la Fundación Lara dio un nuevo impulso a la revista, que -no podía ser de otra manera- pasó por la salida de los que allí estábamos. La revista alzó el vuelo, llegó a todos los rincones del país y en ella han colaborado lo mejorcito del bestiario literario español. Aunque él siempre se quita importancia, mucho tuvo que ver la labor de Ignacio F. Garmendia. No era su proyecto, pero como siempre derramó en él su inmensa sabiduría e hidalguía. Ahora, como decíamos, Mercurio vuelve a los amorosos brazos de su progenitor. Suerte y al toro, Javier.

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