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Mensaje de los Hermanos Mayores

Alejandro Aguilar Abad

Hermano Mayor de la Amargura

Que todos los días sean Miércoles Santo

En la Cuaresma y Semana Santa más dura que nos ha tocado vivir todo se resume en un deseo: Que todos los días sean Miércoles Santo. Porque en ese día, el Señor en su Sagrada Flagelación y María Santísima de la Amargura son el centro de nuestras vidas. Sobre Ellos orbita todo y en Ellos se sustenta todo. Que todos los días sean Miércoles Santo. Porque desde que amanece el día, hasta bien entrada la madrugada del Jueves Santo, todo es alegría e ilusión, todo es reencuentro y tradición. Todo son deseos de dar lo mejor.

Que todos los días sean Miércoles Santo. Para que sean  eterna promesa de sanación e intersección. Que se repitan los milagros en su calle, que se extiendan a los hospitales, que amparen a los profesionales sanitarios y a los que nos cuidan en las calles. Que les insuflen la fuerza y el arrojo para afrontar su día a día con la entereza y entrega que solo ellos saben. Y a las familias que han sufrido la pérdida, les llegue el consuelo.

Que todos los días sean Miércoles Santo. Para que los mayores vivan en un eterno deseo del patio de los Descalzos, de ver una y otra vez a su Hermandad en la calle. De ser orgullosos portadores del acervo Amargurista y transmisores del amor a Cristo Flagelado.

Que todos los días sean Miércoles Santo, para soportar con fuerza y entereza, las “chicotás” duras que nos pondrá la vida, las “revirás” imposibles que el día a día nos trae y saquemos la energía de donde no la hay para no darnos por vencidos. Y sobre todo, no olvidar al hermano que va a tu lado. Cuando vengan los kilos de los sinsabores de la vida y cuando la calle se vuelva dura, es cuando tenemos que ayudar a ese hermano que va junto a ti. Toneladas de caridad y toneladas de amor al prójimo.

Que todos los días sean Miércoles Santo. Para que circunstancias como las actuales sirvan para relativizar las cosas, para que lo verdaderamente importante tenga sentido. Para olvidar lo superficial y centrarnos en lo que realmente vale.

Que todos los días sean Miércoles Santo. Para que la ilusión y el compromiso de salir adelante sean bandera e insignia del cortejo de nuestra vida. Para que juntos caminemos al encuentro del Señor, iluminando su camino, anunciando su llegada y proclamando a su Bendita Madre como su Intercesora. Que todos los días sean Miércoles Santo…

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