Tierra de Nadie

Alberto Núñez Seoane

Más allá de toda duda razonable

Las setas aparecen en el bosque, como por arte de magia. De repente, sin que se sepa muy bien el cómo ni el por qué, al amparo de la humedad y criados por las esporas de las que surgen, brotan a miles, colonizan cualquier hueco, oscuro; pueblan troncos caídos; se acomodan sobre cualquier vestigio de materia orgánica sobre la que puedan proliferar y de la que se puedan nutrir; invaden las sombras, no se llevan demasiado bien con la luz del sol…

La mayoría no son comestibles: causan malestar, indigestión, vómitos… Muchas son venenosas: pueden provocar problemas de salud muy serios; algunas de estas, son… fatales. Quedan, las menos, algunas que son realmente deliciosas. Hay que ser un experto, y contar con la necesaria e imprescindible experiencia, para no confundir unas con otras y cometer un error que podría resultar irreparable.

Pensaba, como ven, en las setas, y… no se por qué, me vinieron a la mente los políticos. Pudo ser porque aparecen, sin que se sepa muy bien cómo ni por qué, a miles… Porque aprovechan muchos huecos, recovecos, rincones o dobleces… Porque se nutren de cualquier resto de idea, treta, componenda, residuo o subterfugio… Por que gustan de actuar a la sombra, lejos de la claridad de una transparencia a la que están obligados… Los más, incapaces, no son 'digeribles…', el resultado de sus quehaceres provoca digestiones interminables, dispepsia y, a menudo, cagalera incontenible; otros muchos, mediocres, causan en el desenvolvimiento del quehacer diario de la ciudadanía, el mismo efecto que la ponzoña en cuerpo ajeno: destruye, en lugar de construir; algunos, de entre estos venenosos últimos, en el puesto 'adecuado' y con el poder suficiente, pueden acabar con la concordia, el progreso y la paz, con el presente y el futuro de las generaciones sobre las que tienen mando y gobierno: son letales. Sí, tal vez fuese por alguna de estas curiosas semejanzas con el mundo de las setas -algunas de ellas también parásitas, al igual que muchos de ellos-, o puede que por todas ellas juntas...

Hemos de comenzar, antes de continuar, con un aserto de Perogrullo que, parece, solemos no tener en cuenta: los políticos, y los que se dedican a la política -no siempre necesariamente políticos-, son personas cómo cualquiera de los que están fuera del 'gremio', ni mejores ni peores, hay de todo en esa 'botica', como de todo hay en las muchas viñas del Señor. Lo que pasa, es que ellos -los de la 'botica' política- son los que mandan, los que aprueban leyes, los que cobran impuestos y los que deciden sobre casi todo lo que nos afecta o nos termina por afectar; mientras que todos los demás, los ciudadanos, eso que 'ellos' gustan de llamar 'el pueblo', hemos de acatar y cumplir con todo lo por ellos dispuesto: es la gran diferencia. Sólo unos pocos entre los profesionales de todas las administraciones públicas -y el resto sobra-, con verdadera vocación de servicio y cualidades destacadas de liderazgo, tesón, entereza y generosidad, son los que en verdad cuentan con la disposición y las condiciones, suficientes e imprescindibles, para ser capaces -con posibilidad razonable de éxito- de ponerse al frente de una empresa con la relevancia que supone la 'cosa pública': administrar la hacienda común y los intereses de todos. Los demás, pongamos que ocho de cada diez, no es allí donde debieran estar, más que nada porque, a lo que van no es lo que nos va a todos.

Esto no funciona, no tal y como lo tienen 'montado'. Y ya me contarán ustedes quien es el guapo que se pone a cambiar todo lo que sería menester cambiar, que es mucho y de relevancia, si los que tienen las sartenes -todas- por los mangos -hoy tú, mañana, yo- son los únicos que tienen la potestad de cambiar el calamitoso estado actual de las cosas.

Aforados, ¡no!; reducir, a la mitad, el número de senadores y diputados; subvenciones a partidos políticos, ¡no!, a sindicatos, ¡tampoco, por favor!, que se mantengan con sus afiliados, unos y otros; pensiones vitalicias, ¡no!; más gasto en Sanidad , pensiones y subsidio de paro; menos dietas, menos coches oficiales, menos viajes… inútiles; cada español, un voto: ¡no a la ley electoral proporcional; los imputados: suspensión temporal, los condenados: expulsados sin derecho a volver; tolerancia cero con la corrupción, asunción obligada de responsabilidades personales para los corruptos; separación ¡real! De los poderes públicos; despolitizar la Justicia; ley de educación apolítica; limitación por ley de mandatos: para presidentes, ministros, consejeros, alcaldes y concejales… ¿continúo…?

Más allá de toda duda razonable, estamos obligados a dudar, cuestionar y enmendar, el sistema establecido: es de muy dudosa conveniencia, por no decir nula, para el ciudadano; para ellos, sí, sin duda.

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