Crónica personal

Pilar Cernuda

El amigo

YA es mala suerte: hacer un nuevo amigo, nada menos que el presidente de Estados Unidos, y que la noticia se te escape de las manos porque todo el mundo habla de la crisis de Gobierno. Zapatero debe estar que fuma en pipa, pero eso le ocurre por prometer ministerios varios días antes de anunciar la lista del nuevo Gobierno; y le pasa por ofrecer carteras a personas que no saben guardar secretos, aunque se lo pida el presidente de Gobierno. Pensaba llenar páginas y páginas con la noticia de su primera reunión con Obama y se encuentra con que la atención está puesta en la inminente crisis, hasta el punto de que las preguntas que le dirigieron en la rueda de prensa conjunta con Erdogan se centraron en la remodelación de su Gabinete. Se comprende el enfado y se entiende que llegara tarde a la foto de familia de Estambul: se supone que estaba colgado al teléfono echando la bronca a alguien.

A pesar del morbo de la crisis, el encuentro de Zapatero con Barack Obama es de la máxima importancia. Porque pone fin a cinco años de distancia que no favoreció en nada a España y al Gobierno español, y porque se recupera algo que es fundamental para que España tenga presencia en el escenario internacional: la amistad y el respeto de Estados Unidos. Y en este caso además parece que además la amistad es firme; Obama dedicó a Zapatero cálidas frases que hacen pensar que se ha pasado página definitivamente a una etapa que no merecíamos haber vivido. Es verdad que Zapatero puso mucho de su parte para molestar a Bush, pero el ex presidente americano no tuvo la generosidad de perdonar sus pecados y anteponer su interés por España a la antipatía personal que sentía por el presidente.

Con Obama la situación ha dado un vuelco, y es algo de lo que debemos felicitarnos todos. Sin embargo -da rabia que haya peros y sin embargos-, hay una nota discordante: la sensación de que Zapatero está tan encandilado con Obama que ha ido más allá de lo que marcan la diplomacia y las relaciones exteriores. Mientras otros países europeos se han guardado de aceptar de forma inmediata la petición de Obama de incrementar la presencia en Afganistán, Zapatero ha dicho sí y además ha anunciado una contribución económica importante a esa misión. Sin contar con el visto bueno previo del Parlamento. Pero lo que chirría más es la frase pronunciada en Estambul: "No hay que preguntarse qué puede hacer Barack Obama, sino qué podemos hacer para apoyarle".

Pues no. Suena demasiado a Aznar, tan incondicional de Bush. El Gobierno español debe colaborar y apoyar a Obama cuando sus decisiones sean adecuadas y las comparta. Y a ser posible las compartan también la mayoría de los ciudadanos españoles. Seguidismos, ni uno. Ni sumisión ni decir sí porque sí, porque lo pide el hombre más poderoso del mundo. Ahí Zapatero ha errado el tiro.

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