A rienda suelta

José Padilla Jpadilla@diariodejerez.com

Mis amigos los agapornis

SÍ. Entiendo que le gusten los perros, agapornis e incluso los cococodrilos. Yo de niño tenía pájaros, jilgueros y canarios, y me negaba a cazar aquéllos que sabían que su destino era ser fritos en cazuela. Pero la culpa de mi acrecentada manía a los animales no es a ellos sino, como es fácil de deducir, a muchos de sus dueños: no sé para qué quieren un perro que abandonan en casa durante horas y no deja descansar al resto de los vecinos, por qué no se preocupan de recoger sus excrementos, ignoro qué les lleva a regalarlos por Navidad a un niño hartible y mimado para soltarlos luego a una carretera, o se gastan el dinero en un pájaro de nombre tan raro, o compran especies que están en peligro de extinción. Antes de que se acabara la legislatura en Andalucía se aprobó otra norma para regular la tenencia de esos animales exóticos o potencialmente peligrosos. Que no quede en papel mojado, como la mayoría de leyes que se aprueban en España.

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