¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

La amnistía preventiva de Begoña Gómez

Al parecer, la señora de Sánchez, al igual que Puigdemont y los héroes del 1-O, están por encima de la ley

Begoña Gómez.

Begoña Gómez. / EFE

AL último rey de la Casa de Borgoña en Castilla, Pedro I, le llamaron El Cruel o El Justiciero, según el color del plumero del que hablase. Aquello acabó como se sabe, con regicidio en el Campo de Montiel y ascenso al poder de los Trastámara. A nuestro Pedro Sánchez, monarca sin blasón, aún no le hemos puesto mote real, aunque desde hoy propongo el de Pedro el Amnistiador. Siempre será mejor que la desgracia de llamarse Enrique IV el Impotente o Carlos II el Hechizado.

Y hoy no nos referimos a la aminstía aprobada ayer por un Parlamento que solo le dice no a Sánchez cuando se trata de perseguir a los chuloputas o construir viviendas, sino a la pretensión del presidente del Gobierno, apoyada por todo el sanchismo (esa inmensa galaxia política-mediática en la que confluyen los más diversos intereses e ideologías), de conceder una amnistía preventiva a doña Begoña Gómez. Al parecer, la señora de Sánchez, al igual que Puigdemont y los héroes del 1-O, están por encima de la ley. Y si un juez o un periodista se atreve a decir lo contrario, señálese como peligroso elemento de la fachosfera. Por supuesto que la directora del Máster en Transformación Social Competitiva es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero también se debería dar por supuesto que cualquier entidad (sí, también Manos Limpias) tiene derecho a acudir a los tribunales cuando lo considere justo y necesario.

El sanchismo ha intentado vender el Caso Begoña como una conspiración de jueces y periodistas ultras contra la limpia mirada de los señores de Sánchez. Sin embargo, cada vez hay más indicios de que algo no huele bien en La Moncloa. Así lo ha visto la Audiencia Provincial de Madrid. Hay atisbos para sospechar que Begoña Gómez usó su condición de cónyuge para conseguir contratos públicos a empresarios que la apoyaron en su carrera profesional. Si esto es así o no, lo decidirán los tribunales, pero no la galaxia sanchista. Para que no se nos olvide deberíamos escribirlo todos cien veces en la pizarra: “Gómez no está por encima de la ley”. También: “Gómez es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. Y, finalmente, “Alguien debería pedirle perdón a Francisco Camps”. ¿Quiénes? Los mismos que hoy quieren concederle la amnistía preventiva a Begoña Gómez.

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