Contra la barbarie

En el derrumbamiento del sistema los jueces son juzgados hagan lo que hagan

La justicia hoy se ha remangado su peplo, se ha quitado la venda de los ojos y ha soltado su frágil balanza. Los jueces y los fiscales quieren independencia, quieren medios, quieren que se les reconozca su trabajo y no quieren sufrir presiones de nadie y, menos que de nadie, del Ministro de Justicia. Un ya está bien en toda regla.

De las mayores perversiones del sistema democrático ha sido dejar en manos de la justicia todos los problemas, del independentismo catalán al yerno del rey, de los abusos bancarios a los fraudes fiscales de los futbolistas, de la corrupción a la protección del honor pasando por el respeto a la mujer, todo. La división de poderes murió hace mucho tiempo, pero no por injerencias de un poder en otro, sino por incapacidad de dictar pocas y buenas leyes, por dejación a la hora de gobernar. Que se quemen otros.

En España el Derecho de Familia lo han creado los jueces, no la ley, que permanece estancada sin que nadie tenga el valor de reformarla. Ha sido un Tribunal Europeo el que ha obligado a España a frenar los abusos bancarios y, lo único que se ha hecho desde el gobierno, es dar facilidades a los bancos para demorar los reintegros a que vienen obligados creando unos juzgados específicos provinciales que son un embudo y taponan por años las reclamaciones. Madre yo al oro me humillo.

La cosa se ha puesto más fea aún porque a los jueces les ha tocado juzgar la corrupción política con la paradójica consecuencia de que los políticos siguen siendo votados y perdonados por el pueblo mientras a los jueces se les ataca con igual vehemencia bien por duros bien por permitir la impunidad. Y lo que te rondaré morena porque quedan muchas sentencias polémicas que dictar: la de Urdangarín, la de los ERE, las de la Gürtel, las de los Pujoles y no sigo porque me como el artículo.

Nunca la justicia ha sido rápida. Nunca han tenido los medios necesarios. Pero algo pasa porque antes tenían más prestigio y más poder social. En el derrumbamiento del sistema los jueces son juzgados hagan lo que hagan. Algo de autocrítica han de hacer porque hubo un tiempo en que no se asociaban ni salían por la tele ni hablaban ni conocíamos sus nombres. No hacían política. Eran distintos y distantes.

En la defensa de la independencia de los jueces está nuestra propia defensa. Son el último eslabón con una sociedad civilizada, quizás el más importante. Sin una justicia creíble sólo queda la barbarie.

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