Desde el nido del cuco

El barril de oloroso

Desde siempre me hubiera gustado tener una bodega. Pequeña, pero fresquita, muy fresquita. No me ha sido posible y yo, que soy de fácil conformar, la he sustituido por un barril de oloroso. De buen oloroso, claro. Una vez lleno pensé que debía ponerle nombre. Eso era algo típico en nuestra tierra y yo no quería faltar a la tradición. Ya se me ocurrirá algún nombre, pensé. Pero en seguida me di cuenta que no era tan sencillo. O no se me ocurría nada o lo que se me ocurría ya estaba cogido. Debía representar de una forma clara el lugar en el que estaba situado y también el sitio en el que yo me sentaría a disfrutarlo. El primer nombre que me vino a la cabeza evocaba lo mejor de lo que fue Jerez en el pasado. Se trataba de una calle situada en el corazón del barrio de San Mateo, 'el Rincón Malillo'. Ya había encontrado el nombre. Desgraciadamente, paseando un día por El Puerto descubrí que alguien se me había adelantado. El siguiente nombre que se me ocurrió era increíblemente poético. Pero ya había sido puesto a un cortijo situado en los alrededores de nuestra ciudad. Me estoy refiriendo a Salto al Cielo. Nuevo descarte. Debido a mis aficiones a la naturaleza pensé en otro cortijo que perteneció a Joselito el Gallo. Hablo de Pino Montano, claro. También lo descarté. Hoy da nombre a una populosa barriada sevillana y eso, ante mis ojos, le hacía perder encanto. El nombre del barril me estaba dando más dificultades de las que había previsto al principio. Pero, recordé un lugar en el que pasé unos maravillosos momentos durante mi primera juventud. Se trataba de una finca pequeña, situada entre Sanlúcar y Bonanza. Había pertenecido a unas tías de un muy buen amigo y allí pasamos bastantes buenos ratos en diferentes veranos. Hoy todo ha desaparecido bajo el impulso de la expansión de Sanlúcar, pero el nombre estaba disponible. Había encontrado lo que tanto había buscado: mi barril se llamaría Quitapesares. Orgulloso por el hallazgo tengo que confesarles que me parece muy difícil encontrar un nombre más apropiado para un barril del mejor oloroso jerezano. Ya solo me falta hacerle una pequeña chapita con el nombre escrito usando grafía del sigo XIX, clavarla en el frontal y esperar a que algún amigo venga a acompañarme en su bautizo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios