Sólo le ocurren desgracias”. Esta afirmación podría remedar lo de: “Al perro flaco todo se le vuelven pulgas”. Y es que el alcornocal, nuestros bosques de alcornoques, esa masa forestal que cubre el este de la provincia desde Ubrique hasta Gibraltar, está gravemente enferma.

Y eso que hasta ahora había tenido cierta suerte, condiciones climatológicas óptimas, edafología apropiada, madera no muy apropiada para leña o construcción de muebles, periodo histórico entre los siglos XIV y XV en que la existencia de una frontera entre el Reino Nazarí de Granada y Castilla permitió una zona despoblada justo donde su presencia era más densa, y finalmente el descubrimiento de sus cualidades para ser el elemento ideal para crear tapones y cerrar botellas, auspiciaron su protección en detrimento incluso de sus competidores naturales: el acebuche (Olea europea var.sylvestris) y el quejigo (Quercus canariensis). Es cierto que en las zonas agrícolas se roturaron tierras ocupadas por alcornoques para cultivos, pero la lejanía y el despoblamiento de nuestras agrestes serranías permitieron a nuestro árbol sobrevivir en aquellas latitudes hasta el descubrimiento de su uso industrial.

Pero en los últimos tiempos todo son inconvenientes para nuestro protagonista; la climatología actual no le beneficia; llueve menos y no de forma espaciada, sino concentrando períodos de lluvia que además propicia ciclos de encharcamiento de sus raíces que es cómo se desarrolla mejor su patógeno más letal: la Phytophthora cinamonni, hongo que viniendo de Papúa-Nueva Guinea (otra consecuencia de la globalización) está destruyendo los alcornocales ibéricos además de otras especies de árboles. Además algunos modelos de predicción de cambio climático aventuran una disminución de la precipitación en nuestras sierra de un 35%.

Y lo peor es que a los árboles muertos no hay brinzales nuevos que lo sustituyan, la presión del ganado salvaje y doméstico lo hacen casi imposible. Y sobre todo una amenaza que en los últimos tiempos se ha multiplicado de forma geométrica, el cerdo asilvestrado. Este cruce del jabalí (Sus escrofa) y el cerdo doméstico está terminando con las últimas esperanzas de nuestro alcornocal. De ello hablaremos en otra ocasión.

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