Tribuna libre

Andrés Luis Cañadas Machado

Un hombre de paz

JESÚS fue de las primeras personas con las que traté en Jerez, cuando vine a la ciudad hace ya más de cincuenta años para poner en marcha aquella recordada Radio Popular, a la que décadas más tarde por un extraño complejo que nunca he llegado a entender le cambiaron su original y legítima denominación aquí y en toda España y desde el instante en que accedí a su despacho, en la tristemente desaparecida Caja de Ahorros de Jerez, hemos mantenido el afecto y la amistad hasta el mismo instante de su muerte y me he gozado de su indudable bonhomía y su finura de espíritu, que en tantas ocasiones pude percibir, en su calidad de Director General de la referida Entidad de ahorro, como hermano en la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, como impulsor decisivo de la Facultad de Derecho en Jerez, de la Escuela de Magisterio “Monseñor Cirarda” o promotor esencial del Club Nazaret; sin duda la obra socio recreativa más importante que nunca se haya acometido en la ciudad; en su breve período el frente de la Alcaldía, en tiempos nada fáciles desde luego  y de manera muy intensa en el Patronato que durante años y a instancias del entonces Cardenal Arzobispo de Sevilla, don José María Bueno Monreal, en el que el Prelado lo incluyó junto a los sacerdotes don Ángel Romero Castellano y don José Luis Repetto Betes y el cofrade don Francisco Barra Bohórquez, para regir los destinos de aquel naciente Medio radiofónico de la Iglesia.

Y es que Jesús, toda su vida fue un seglar comprometido con su fe, de lo que a lo largo de ella supo dar elocuente testimonio, colaborando con eficacia y a veces con bastante más, primero con el Obispo Cirarda, de cuya mano llegaría Radio Popular a Jerez y luego con monseñor Del Val y por supuesto con quién sería años más tarde el primer Obispo de esta aún joven Diócesis, don Rafael Bellido Caro y siempre, desde la sencillez, la humildad y el sosiego pues pienso que la característica que más le cuadraba a mi amigo era la de ser un auténtico hombre de Paz.

De todo lo vivido con el amigo que se ha ido como vivió, sencilla y calladamente, me quedo con esa imagen que cada año vivíamos el Viernes de Dolores en la Capilla de las Angustias, cuando al finalizar la función de Instituto de la Hermandad comenzaban a reunirse la “multitud de Mantaras”,  bajo la serena indicación de Jesús, para hacerse la fotografía, bajo la mirada complaciente de nuestra amada Titular, hecho que quienes lo hemos presenciado nunca olvidaremos por lo entrañable y desde luego el encuentro que hace apenas  tres meses tuvimos en la Catedral, donde han tenido lugar las exequias por su eterno descanso, al finalizar el solemne Vía Crucis con la Virgen de las Angustias, cuando se me mostraba entusiasmado por la solemnidad con la que nuestra Hermandad había sabido organizarlo y sobre todo por la presentación estética de la venerada Imagen a la que se había decidido colocar bajo un dosel o palio, que resultaba sin duda novedoso y original.

Podría extenderme en resaltar otros muchos logros e iniciativas de Jesús Mantaras García-Figueras para la ciudad, desde la Caja o desde el Ayuntamiento, pero junto al ya mencionado Club Nazaret, en el que un elevado número de jerezanos viene pasando el rigor del verano desde que abriera sus puertas, aparte de haberse convertido en un ejemplo de promoción del deporte aficionado o en lugar de participación de las familias – que con esa idea primigenia nacería – debo mencionar evidentemente sus esfuerzos desplegados para que la Universidad de Cádiz, finalmente y contra otros muchos intereses, pudiera hacerse presente entre nosotros en beneficio de las generaciones de jerezanos más jóvenes.

Y siempre, desde la discreta segunda línea en la que habitualmente él se posicionaba, procurando pasar desapercibido. Ya digo, un admirable hombre de Paz, que seguro ya goza de ella…

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