Su propio afán

La carrera

Entre las conclusiones de las elecciones, una muy positiva: administrar bien aún da puntos

HAY unos versos de Blanca Varela que recuerdo cada vez que tengo o asisto a un éxito. Mucho más cuando asisto, porque tener los tengo menos, pero siempre en ambos casos. Rezan: “Digamos que ganaste la carrera/ y que el premio/ era otra carrera”. Éste es el caso de las derechas en Madrid. Y no me refiero principalmente a que, en este panorama político electrificado por electoralificado ya haya que ir pensando en la próxima cita con las urnas. La carrera que tienen por delante ahora las derechas se llama cumplir.Tan claro lo veo que busco el poema entero de Varela, que se titula con muchísima puntería “Curriculum vitae” y que avisa: “digamos que ganaste la carrera/ y que el premio/ era otra carrera/ que no bebiste el vino de la victoria/ sino tu propia sal/ que jamás escuchaste vítores/ sino ladridos de perros/ y que tu sombra/ tu propia sombra/ fue tu única/ y desleal competidora”. Encaja como un guante.

En la victoria de Ayuso hay una tercera lección, además de la importancia de los liderazgos carismáticos y la lección de la ausencia de complejos para replicar a la izquierda. A la tercera, va la vencida; y la tercera fue la gestión. Isabel Díaz Ayuso ha hecho valer su actividad y trabajo en defensa de los intereses concretos de sus administrados desde su agilidad en la lucha contra el Covid hasta el Zendal y desde la bajada de impuestos a la apertura de comercios y restaurantes. Sin esos hechos contantes y sonantes, no habría arañado (qué digo “arañado”, no habría abrazado) el voto popular en tantos barrios de la izquierda. Es una lección consoladora para los administrados en estos tiempos de relatos, marketing político y spin doctors. Las elecciones, al fin y al cabo, se ganan, menos mal, con el trabajo por el bien de los ciudadanos.

Añadiría una cuarta lección. Ayuso no ha perdido un minuto en atacar a Vox, que es quien, en última instancia, asegura su mayoría absoluta y, por tanto, su Gobierno. Pero la carrera (de obstáculos) de la que venía a hablar es la de la gestión. Ahora tanto Ayuso como Monasterio (cada una en proporción a su contribución a la gobernabilidad) tienen que arrancarle a la realidad cumplimientos concretos de las promesas y compromisos que hicieron en campaña. Quien se para a regodearse de la victoria o a jugar a la política de urna en urna y tiro porque me toca –véase Iglesias, véanse Gabilondo & Sánchez & Redondo– se sale de la carrera.

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