CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

En el centenario de Miguel Hernández

UNO de los primeros poemas de Miguel Hernández, escrito posiblemente en mil novecientos treinta y tres, es el titulado "El silbo del dale": "Dale al aspa, molino,/ hasta nevar el trigo./ Dale a la piedra, agua,/ hasta ponerla mansa./Dale al molino, aire,/ hasta lo inabarcable./ Dale al aire, cabrero,/ hasta que silbe tierno,/ Dale al cabrero, monte,/ hasta dejarlo inmóvil./ Dale al monte, lucero./ hasta que se haga cielo./ Dale , Dios, a mi alma,/ hasta perfeccionarla./ Dale que dale, dale,/ molino, piedra, aire,/ cabrero, monte, astro;/ dale que dale largo./ Dale que dale, Dios,/ ¡ay!,/ hasta la perfección."

Miguel Hernández nació en Orihuela en mil novecientos diez. Su padre era pastor de cabras y él heredó ese humilde oficio desde que tuvo siete años. Cuando cumplió los diez, la familia le envió a estudiar en el Colegio de Santo Domingo, dirigido por los padres jesuitas, que no tardaron en advertir su natural inteligencia y su gusto por la lectura, por lo que aconsejaron a su padre que le costease una carrera, pero según su biógrafo José Luis Cano, su padre decidió que continuara pastoreando y ayudándole en sus tareas, entre ellas repartir leche por las casas.

Y como Miguel Hernández seguía leyendo cuanto caía en sus manos, ya fueran versos, ya fueran prosas, a los quince de edad se hizo amigo de un grupo de jóvenes lectores de poesía, del que era cabeza visible Ramón Sijé, que falleció muy joven, motivando la célebre y ejemplar elegía hernandiana, que provocaría el entusiasmo crítico de Juan Ramón Jiménez. Y fue a Juan Ramón Jiménez, a quien escribió Miguel Hernández una carta, contándole sus cuitas, sus cientos de versos sin publicar y pidiéndole que le recibiera, dado que había decidido viajar a Madrid. Así lo hizo, pero no tuvo la suerte de publicar y regresó a Orihuela, continuado su formación autodidacta. Por fin, en mil novecientos treinta y dos, Ediciones Sudeste de Murcia imprime su primer poemario, "Perito en lunas", recibiendo favorables críticas en la prensa, lo cual le anima y vuelve a probar fortuna en la capital española, donde se relaciona con José Bergamín, García Lorca, Aleixandre, Alberti, Neruda… y José María de Cossío, quien le encuentra trabajo en la Editorial Espasa-Calpe, como secretario y colaborador en la redacción de la obra "Los Toros".

Hemos considerado oportuno recordar la primera época de la vida de Miguel Hernández, en el centenario de su nacimiento, porque consideramos que es la menos conocida del gran público. Después llegó su consagración total y su odisea durante la guerra civil, su prisión y su muerte. Hoy universalmente reconocido como uno de los más ciertos nombres de la poesía española de todos los tiempos. Finalicemos su evocación con palabras de Vicente Aleixandre ante su tumba: "Tú, el más puro y verdadero, tú el más real de todos, tú el no desaparecido".

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