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Un mes después de las elecciones, el comportamiento del PSOE durante su desalojo del poder sigue siendo errático, lo que contamina a los demás. Después de haber ocupado casi toda la escena, ha abandonado la parte central del tablero político andaluz; una vacante que no parece tener recambio inmediato. Hasta ahora el PSOE lo decidía casi todo. Como no dar entrada a Podemos y Ciudadanos en los órganos de extracción estatutaria o tener durante un lustro a Canal Sur sin director general ni presidente del consejo de administración. Y de pronto hay un vacío. El eterno partido gobernante, que antes exigía respeto a las instituciones, evitar bloqueos y acatar la decisión de los votantes, so pena de ser tachado de mal andaluz, ahora realiza las tres cosas sin apuro.

Sus desplantes son más propios de grupos marginales. Por ejemplo, el presidente saliente del Parlamento, Juan Pablo Durán, no tuvo a bien felicitar a su sucesora. Un gesto coherente con una presidencia parcial como la ejercida por este diputado novato, llevado de manera imprudente a un puesto de rango que le vino grande. Tampoco Susana Díaz felicitó a Marta Bosquet, en su caso de manera muy contradictoria con su permanente pretensión de respeto institucional a su persona.

En la pasada legislatura los socialistas tenían dos grupos a su derecha y dos a su izquierda. Y ahora es Ciudadanos quien ocupa esa posición teórica, pero se les ve asustados. Primero por la posibilidad de gobernar; hasta ahora sus únicas experiencias son las alcaldías de Mijas, Alcaucín, Espartinas y Cumbres de San Bartolomé. No es sólo un problema de práctica, también de recursos humanos: no tienen cuadros para la cantidad de cargos que tendrían que designar en sus pretendidas cinco consejerías y los que colocasen en las del PP. En segundo lugar, Cs sufre -como el PP- aprensión a lo que vayan a encontrar dentro de los cajones, debajo de las alfombras o en la estructura del aparato de gobierno. Y finalmente, los liberales están acomplejados ante la ofensiva del PSOE de que han pactado con el diablo, al permitir que Vox apoye su Presidencia del Parlamento y su gobierno de coalición con el PP.

En resumen, el partido central está hecho un flan. A su derecha, los sorayistas del PP han vuelto a perder la humildad, después de verse con la soga al cuello. Y la actitud institucional de Vox es un melón por calar: Abascal empieza calificando a los del PP de blanditos e inútiles, pero lo mismo hizo Pablo Iglesias en sus inicios, cuando decía de IU que eran cenizos e incapaces y no quería que se acercaran a Podemos. Y a la izquierda de Cs, el PSOE sigue aturdido y Adelante Andalucía hace el ridículo al quejarse de la compañía parlamentaria de un partido votado por 400.000 personas. En conjunto, no es que hayan perdido el norte, es que se ha extraviado el centro de gravedad del tablero. Todo flota, sin rumbo.

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