Alberto Núñez / Seoane

Un cerebro sudado

Tierra de nadie

HACE escasos días, escuchaba, entre sorprendido y asqueado, las declaraciones del presidente del PNV, Iñigo Urkullu. Decía, este frustrado boceto de político, que la mano que Pachi López le tendió a su partido fue "un ejercicio de cinismo político" porque era "una mano sudada al haber sido tendida, con anterioridad, al Partido Popular".

No me voy a poner a la altura de este pedazo de carne con patas, digno representante del nacionalismo más radical, enfermizo, obcecado y peligroso; pero si me voy a dar el gustazo de dejarme "de caé" un poco bajo y solazarme en una crítica un tanto soez, algo irrespetuosa y una pizca escatológica. El tiro de mierda con el que este "estirao" de Las Arenas -barrio "fisno" de Bilbao- ha escupido en la cara de una persona que ha aceptado poner su vida en juego y la de los suyos en peligro, para luchar por las ideas en las que cree -él y todos los que han votado al partido que representa, el PSE, al PP vasco y a la formación de Rosa Díez- me abre la veda para poder poner a caer de un "euskal guindo" a este prepotente con aires de emperador que apuesta por la supremacía de la "raza" vasca, por la exclusión del resto de los españoles, por las gilipolleces que dijo el bulto de Sabino Arana y por la imposición de una enseñanza sectaria, xenófoba, fanática y patéticamente desvirtuada, entre otras lindezas.

El tal en cuestión, ha tenido al menos el detalle de obsequiarnos con indicios irrefutables que nos descubren la base de su estructura cognitiva. Su apellido "urcullu", en cristiano y en su caso: "erculo", nos muestra -Dios no lo quiera- cual es la parte preponderante de su ¿personalidad?

Este fascista, impositor de lenguaje, contemporizador con los asesinos etarras, dador obsceno de subvenciones a cabrones batasunos, espectador inepto y cobarde de los sufrimientos, amenazas e injusticias que la mayoría -todos los que no son del PNV- de los ciudadanos vascos, a los que se debe, están sufriendo; este torpe inventor de una "historia" falsa y amañada que nada tiene que ver con la "Historia" real, chulesco hasta aburrir a las piedras, pedante hasta cansar a las hormigas y fantasma cuando está bien instalado y protegido, eso sí, en el poder; no sólo utiliza sus posaderas para sentarse, también las usa para hablar -como hemos podido comprobar- y todo indica que es con esta parte de su anatomía, el culo, con la que "piensa"

La verdadera altura de miras de una persona sólo se puede conocer en las situaciones comprometidas. Si hablamos de alguien que de modo libre y voluntario ha asumido un cargo público y, además, las circunstancias políticas y sociales en las que desempeña su función son particularmente conflictivas; nos encontraremos con la oportunidad de poder calibrar, sin temor a error, la auténtica esencia de los principios y valores que alimentan el espíritu de nuestros protagonistas.

En el caso de Pachi López, aunque en muchas ocasiones no he estado de acuerdo con sus decisiones ni con sus formas, mi máximo respeto y admiración por una determinación valiente, coherente y, según yo la entiendo, anteponiendo el interés general al propio.

La valía de lo que ha conseguido es inmensa: rescatar la esperanza de un pueblo; la trascendencia de lo que puede hacer, inconmensurable: devolver la libertad al lugar que le corresponde, el mismo que ahora ocupan la amenaza, el miedo, la coacción, la pena, la violencia, el dolor la injusticia y la muerte. "Valores", estos, que campan por sus respetos en un País Vasco sodomizado por etarras y batasunos con la aquiescencia y, muchas veces, el aplauso sordo de auténticos fantoches fanáticos y necios, egoístas y cazurros, como Garaicoechea, Arzallus, Atuxa, Eguibar, Knorr, Lasagabaster, entre otros, y ahora nuestro protagonista: "erculito", al que no le sudarán las manos por trabajar para la libertad de todos los vascos, como a Pachi López -sudor limpio de trabajo honesto- sino probablemente lo que le sude sea el cerebro, claro que no de pensar, más bien de la función propia del lugar en el que lo tiene ubicado… ¡como hiede!

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