Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

“Los civiles” II

A menudo los veía aparecer. Siempre de improviso, el polvo que levantaba su coche asomaba, a lo lejos, por cualquier carril: ¡El Land Rover de los civiles! Yo, cazaba tórtolas en los pinares de Valdelagrana, palomas torcaces en “Cantarrana” -cerca de “Las Lomas-”, zorzales por los campos de Vejer o perdices en tierras de Medina Sidonia. Ellos, llegaban… con educación se presentaban: pedían licencias, “guías” y permisos: todo en orden, ¡buena caza!; saludaban y se iban… hacían su trabajo. Han estado, también, en la carretera: a veces para multarme, otras para ayudarme… hacían su trabajo. Eran -son- “los civiles”, como siempre les hemos llamado por estas tierras, que son -dicen- las de María Santísima.

La de guardia civil es, sin duda, una vocación; como lo son las de militar o policía, pero… distinta: no es lo mismo ser militar, que policía o que guardia civil, y no sólo por lo evidente de la diferenciación de los distintos “cuerpos”, también por el “espíritu” que asiste a cada uno de ellos. “La Benemérita” tiene un alma que la distingue, no digo que sea mejor ni peor que otra, digo que es diferente.

Por mi condición de cazador, he bregado mucho con “los civiles”: revisiones de armas, obtención de licencias, renovación de permisos y guías, control en aeropuertos, trámites para viajes al extranjero, todo tipo de solicitudes internacionales… Durante el tiempo que me encargué de la gestión cinegética de los “Montes Propios” de Alcalá de los Gazules, acostumbraba a llevarles la carne de dos o tres venaos para la celebración del 12 de Octubre en la casa-cuartel del Paseo de las Delicias, aquí en Jerez, fiesta a la que me invitaban y en la que pasé momentos inolvidables: camaradería, amistad y alegría; charlas, risas y celebración; eran los otros invitados que nunca faltaron en el cuartel. Les cuento esto para reflejar que mi relación con “ellos” es personal, de bastante tiempo y continuada.

“La Benemérita”, lo es desde que en Octubre de 1929 se le concediese la “Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia”. La fundó, un 13 de Mayo de 1844, D. Francisco Javier Girón y Azpeleta, II Duque de Ahumada, un navarro, de Pamplona y de casta, que con la creación del “cuerpo” regaló a España una de sus más valiosas herencias. Gracias, D. Francisco.

No hay espacio, ni agradecimiento suficiente, para enumerar las gestas, hazañas y heroicidades que muchos de los integrantes de “La Benemérita” han ofrecido a nuestra nación. No hay reconocimiento capaz de compensar las muchas vidas entregadas por “los civiles” en el cumplimiento de su deber: España. “El honor es mi divisa”, es el lema que motiva y condiciona a los hombres y mujeres que visten “de tricornio y verde”, como los grandes maestros que son en la lidia de chantajes, peligros y traiciones que puedan amenazar a España y a los españoles. Es por y para lo que viven.

Ahora, en este azaroso e inquietante tiempo que estamos viviendo, La Guardia Civil está siendo ninguneada, acosada y marginada. Los caprichos de un muy caprichoso ministro, las megalómanas obsesiones de su jefe y la traición permanente de la extrema izquierda se afanan en el empeño por desvirtuar, primero, y descomponer, después, al ejemplar Instituto Armado, tratando de asfixiar los valores que lo han llevado hasta el lugar que ocupa: el más alto. Así, al menos, lo considera la, tal vez, revista más prestigiosa del mundo, “Times”, que recientemente dedicaba su portada -con tricornio incluido- a La Guardia Civil española. Con el rigor y la objetividad que la caracteriza, la publicación, en un extenso reportaje, colocaba a “La Benemérita” como “el cuerpo policial más eficiente del planeta”, ¡ahí, es, nada! Nosotros, la suficiente mayoría de españoles, también lo creemos así.

Socavar uno de los pilares de la sociedad -después vendrán otros- es como cortar un trozo a una de las cuatro patas de la mesa: esta quedará “coja”, no servirá para la función para la que fue hecha, se convertirá en algo inútil. Los cacharros que pongas entonces encima de la mesa “coja”, caerán al suelo, si son frágiles se romperán en mil pedazos al golpearse contra él, a todos los efectos, es como si desaparecieran. No sé si me estoy explicando…

Una contundente mayoría de los españoles, apreciamos, respetamos y queremos a La Guardia Civil. Apreciamos, sí, su entrega, respetamos su trabajo y amamos sus valores tal como son, tal como están. No hace falta cambiar lo que bien funciona salvo, claro, que lo que pretendas es que funcione mal, para que luego deje de funcionar…

Mi admiración sincera a La Guardia Civil, mi profundo respeto por “La Benemérita”, mi agradecimiento a las mujeres y hombres que visten su uniforme con orgullo, sienten sus principios, defienden su honor y entregan sus vidas por servir a España; cosa, esta última, por la que otros no están ni se les espera. Este, ningún otro, es el gran problema.

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