EL vino de Jerez atraviesa momentos convulsos en los que se unen problemas internos y ajenos a un sector que bastante tiene ya con la prolongada caída de ventas, el principal origen de sus males. La huelga de la vid, cuya amenaza se extiende sobre la próxima vendimia, es el último capítulo de un serial cuyo guión difícilmente podría superar la ficción. Tras veinte años de paz social, las movilizaciones de los trabajadores de las bodegas pueden hacer peligrar la cosecha por el desencuentro entre sindicatos y empresarios, cuyas posturas a día de hoy parecen irreconciliables. Es el último ingrediente del cóctel explosivo en el que se convirtió el sector tras verse salpicado sus máximos responsables por el escándalo de los ERE fraudulentos.

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