Manuel Romero Bejarano /

Aquellas cofradías bolizas: la Congregación de la Virgen de la Paz

A Antonio del Alcázar, gran investigador de nuestras cofradías y aún más grande boliza.

En la capilla sacramental de San Juan de los Caballeros se conserva una imagen de la Virgen que fue realizada por el escultor francés Nicolás de León allá por 1535. En un principio la talla presidía el altar mayor y gozó de una amplia devoción, hasta el punto de que en 1715 se fundó una hermandad para darle culto.

Esta congregación, hasta el momento desconocida, se mantuvo (parece que con grandes altibajos) hasta mediados del siglo XIX, cuando tenía su sede en la pequeña capilla de Los Remedios.

Un documento del Archivo Municipal (Legajo 306, expediente 9097) nos descubre que para esas fechas la cofradía era un nido de bolizas, pero no adelantaré acontecimientos. Antes hay que señalar que tanto la iglesia de Los Remedios como la capilla del Señor de la Puerta Real estuvieron desde mediados del siglo XVIII bajo la custodia de los escribanos públicos, y es precisamente el escribano Juan Bautista Camacho y Gallegos quien, como mayordomo del templo, envió una carta a Bernardo del Águila (alcalde constitucional) el 6 de marzo de 1849. En ella refiere cómo en 1847 la Cofradía de la Paz había vuelto a la actividad organizando un rosario nocturno los viernes de cuaresma, pagando misas y acompañando algunos entierros. Hasta aquí, nada fuera de lo normal, o tal vez sí. Dejemos hablar al escribano: "Pero los que se llaman hermanos de la Paz no tardaron en revelar que un espíritu mundano y de pura especulación es el que les mueve, perdiendo mucho el verdadero culto y la bien entendida piedad con que se siga tolerando tal congregación. Con saber usted que gente asalariada y de oscuro vivir es la que conduce los faroles, la cruz y la imagen; que la embriaguez ha precedido no sin frecuencia a la publica exhibición de objetos tan sagrados y que uno de los manipulantes de los fondos que con engaño sacan al crédulo vecindario, ha hecho bancarrota".

Vaya con los cofrades. El escandalizado escribano pedía al alcalde la supresión de la congregación. Para ello no alegaba tan sólo su peculiar forma de realizar las procesiones ni el timo del tocomocho, sino la ilegalidad de la misma, pues afirmaba que no contaban con ningún tipo de licencia civil ni eclesiástica. Por lo que se ve, estamos ante una panda de forajidos, de ahí que el denunciante clamase que "la autoridad civil no puede tolerar aunque la congregación no fuera ilícita, como lo es, que lejos de servir para enaltecer el respeto de las sagradas imágenes, contribuyan a herir la religión con las armas del ridículo, pues no otra cosa significan esas nocturnas procesiones a que no se asocia ninguna persona regular, en que gente perdida es la porteadora de insignias sacrosantas y en que, por no omitir profanación, se ameniza con sendos tragos de vino y de aguardiente las públicas plegarias, convirtiendo en una impía farsa lo que con tan distinto fin hubo de establecerse". Vamos, que ni el carnaval de Río de Janeiro.

La carta (que como ven no tiene desperdicio), no puede terminar mejor: "Los farsantes de la tal Hermandad son José Ríos, José Rodríguez y Manuel Moreno, conocido por el Secretario de ella, a los cuales se agrega como mayordomo de reciente elección de esta turba, otro personage importantísimo, el verdulero Juan el Alto. Ya ve Vuestra Señoría entre qué clase de gentes está metida Nuestra Señora de la Paz, y si el rescatarla de tales manos no será una de las acciones más meritorias que pueda proporcionarse egecutar a quien recive las cualidades de caballero, de Gefe Civil, y de celoso del verdadero culto y de la bien entendida piedad". Chimpún.

En vista del cachondeo que se montaba cada viernes de cuaresma, el señor Alcalde mandó llamar a los cofrades, conminándoles a que presentaran la documentación que certificaba su existencia como hermandad. En virtud de tal orden, el uno de abril de 1849 José Rodríguez compareció ante el secretario del Ayuntamiento. Se puede afirmar que la Cofradía de la Virgen de la Paz estaba, literalmente, lista de papeles: una serie de documentos relativos a la fundación fechados entre 1714 y 1715, un libro de actas con un único asiento datado en 1826, y dos licencias (eclesiástica y civil) para salir a rezar el rosario el 2 de marzo de 1849.

La congregación no había sido aprobada por el Real Consejo de Castilla en tiempos de Carlos III, ni por el gobierno de Isabel II. En consecuencia, la Alcaldía ordenó el cese de actividades de la Insigne, Bucanera y Muy Devota Cofradía de Nuestra Señora de la Paz y su disolución inmediata, para tranquilidad de los vecinos y desgracia de la nutrida comunidad boliza del Jerez decimonónico, que hubo de esperar a la llegada de Lord Mollate para revivir sus grandes fastos.

Con la esperanza de que el documento extractado sea recogido por algún historiador patrio que se decida a escribir una historia boliza de las cofradías en nuestra ciudad titulada De los orígenes a… (aquí pongan la hermandad que se les antoje), me despido de ustedes hasta septiembre, cuando retomaré mi bizarra actividad en este Diario.

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