Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

La conspiración

Allá por los primeros años noventa, cuando todavía vivíamos en los fulgores de la Expo y de los Juegos de Barcelona, un grupo conspicuo de periodistas que se creían más de lo que eran, algunos jueces y fiscales de la Audiencia Nacional jugando a aprendices de brujo, algún banquero émulo de Fouché e incluso una parte no pequeña de la Conferencia Episcopal, al lado, claro, de los políticos de la cuerda, pusieron en marcha una operación para desalojar del poder a Felipe González utilizando para ello el arma de la desestabilización social. Partían del convencimiento de que a través de las urnas no había forma de quitar a un presidente del Gobierno que había completado tres mandatos y se dirigía sin muchas dificultades a por el cuarto. Fue lo que uno de los integrantes de aquella trama, el entonces director de Abc Luis María Anson, definió algunos años después como la conspiración y resumió en una frase que, ya con Aznar en el poder, hizo bastante ruido: "Para terminar con González se rozó la estabilidad del Estado, pero era la única forma de sacarlo de ahí".

Los lectores más veteranos guardarán algún recuerdo de aquello. Se puso en marcha una ofensiva mediática y judicial en la que partiendo de hechos más o menos verosímiles se intentó crear, y hasta cierto punto se consiguió, un clima de crispación que amenazó los mismos cimientos del sistema democrático. Cualquier diligencia ordenada por un juez, por nimia que fuera, era presentada como un escándalo de proporciones inauditas; se llamaba a declarar y hacer el correspondiente paseíllo a cualquiera con tal de que fuera socialista; se utilizaba la prisión preventiva con enorme laxitud e incluso algún periodista renombrado de la época, que había defendido poco antes la necesidad de combatir a ETA en Francia por métodos al margen de la ley pasó, sin cambiarse de tirantes, a querer meter en la cárcel al presidente por no haber parado los GAL. El clima irrespirable se creó pero no fue suficiente para echar a González en 1993 y tuvieron que esperar tres años más.

Viene esta vieja historia a cuento de lo que, corrigiendo escalas de tiempo y lugar, se está viendo en la agitada precampaña andaluza. Se ha puesto en marcha por los mismos de siempre un ventilador que pretende extender la sensación de que Susana Díaz es la capitana de una banda de ladrones, que fue ella la que diseñó los ERE o está detrás del uso de las tarjetas de la Fundación de Empleo en los prostíbulos. Es más de lo de siempre, aunque con mayor virulencia, y su objetivo está claro. Todavía será peor si gana el 2 de diciembre. Lo verán.

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