La Crestería

Manuel Sotelino

Rocío jerezano

Mañana muchos rocieros dejarán que se derrame por su rostro una lágrima de nostalgia. No huele a romero ni tampoco los pinos han servido para esos refrescantes rengues cuando el camino se hace arduo y el calor aprieta.

Los rocieros de Jerez no han pasado por Marismilla cuando la tarde se derrumba y deja pasar un escenario de cielos abiertos y estrellas fulgurantes. Ni tampoco ha habido misa en el Cerro de los Ánsares. Las amapolas han crecido a solas y las jaras han echado de menos el andar del peregrino. En Manecorro no se han puesto flores para la carreta ni los mulos han sudado este año. La Virgen, que es centro de todo este escenario de naturaleza y de convivencia rociera, se hará presente en cada uno de los corazones de los rocieros jerezanos.

Jerez sin Rocío. La Virgen del Rocío sin ver la presentación de Jerez cuando el sábado previo a Pentecostés aparece el garbo y la elegancia de la gente bien vestida por la calle Bellavista.  

Este año ha tocado un Rocío diferente. Y la Virgen deberá de estar orgullosa de sus hijos jerezanos. Los rocieros han copado los aforos en la Catedral este año en los cultos —como cada año ocurre en Santo Domingo— y han asistido masivamente al rosario estos días de camino. Hoy, los devotos tendrán una cita con la Virgen en la plaza de toros de Jerez. La hermandad ha organizado una misa de campaña en el coso jerezano. Se llenarán los tendidos y la oración se elevará como el polvo al paso de las carretas. Y la Reina de las Marismas estará presente nuevamente aunque sea en la distancia. En la plaza de toros no olerá a romero ni se disfrutará de la brisa ya fresca de las marismas cuando llega la tarde. Pero estará presente la Virgen. Por eso hoy gritamos con fervor que ¡viva la Madre de Dios!

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