La Crestería

Manuel Sotelino

La nevera de la Viga

La hemeroteca del Diario no tiene precio. Sentarse un rato para revisar cómo era este asunto de las cofradías hace quince o veinte años es una disciplina muy recomendable. Y esclarecedora de lo que ha evolucionado o involucionado todo esto. Hace ya algunos años, un cofrade al cual le tengo un gran respeto y afecto, respondía en una entrevista concedida a este medio que él, del Lunes Santo, pasaba. Aseveración, esta, que me llamaba poderosamente la atención. Más adelante, afirmaba que la Madrugada estaba para dormir, y que las cofradías de esta jornada las pasaba al Lunes Santo, que era el día más flojito. Leía y no salía de mi asombro.

Del Lunes Santo no se puede pasar. Sale el Señor de la Cena, se pasea La Plata con su bonita cofradía, está presente el contrapunto de Amor y Sacrificio y, ahora –en el momento de la entrevista no salían estas cofradías-,  están la Sed y la Paz de Fátima que son dos corporaciones de mucho sabor.

Y, como diría Machado, la Viga… Ese Cristo gótico y esa Dolorosa con rostro anacarado conforman parte de mi geografía sentimental. O sea que, para mí, es una cofradía fetiche.

La Viga no es solo Jerez puro y belleza patrimonial. Todo ello conjugado con una de las túnicas más bonitas de Semana Santa de Jerez. Es también caridad. Para eso, el amigo Pepe de la Herrán y su equipo de gobierno lo bordan. Son cofrades de quilates. No dan mucho ruido y sin embargo viven intensamente su cofradía. Buena culpa de todo ello es la donación de ocho neveras destinadas a la Unidad de Hematología Pediátrica del Hospital ‘Puerta del Mar’ de Cádiz. Así, sí se hace camino. Esa debería ser la verdadera fuerza de las cofradías y no matarse porque un candidato lleva tal o cual capataz o banda en su proyecto. Ya se dijo el otro día. Ya saben, lo del Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis”. 

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