La Crestería

Manuel Sotelino

Acordeón cofrade

De todo esto del acordeón saben mucho los diputados mayores de gobierno. O directores de cofradías, que es un término que se usa mucho en cofradías de capa. Son los hermanos que se dedican a organizar el cortejo en la calle. Los que trabajan mientras el resto de hermanos rezan o viven intensamente su estación de penitencia. Pero para que todo salga bien, hace falta un responsable que cuadre los horarios o que tome las decisiones oportunas cuando llegan los problemas en la calle. El diputado mayor de gobierno es una figura clave en una estación de penitencia. Y ellos saben muy bien qué es eso de hacer el acordeón.

Se trata de estirar el cortejo de nazarenos cuando la cofradía pega tirones o estrecharla cuando se entra en una calle angosta o se está en la carrera oficial.

También las hermandades están sabiendo hacer el acordeón cuando es necesario y la vida así te lo exige. Un gran número de corporaciones lo cumplen a la perfección. La capacidad de adaptación por mucho que cambien los tiempos es digno de destacar. Las cofradías cerraron los templos y montaron las casas de hermandad en cada domicilio cuando fue necesario. Pasada la primera ola de la pandemia también supieron abrir de nuevo y llegar a una cierta normalidad. Ahora, que las cosas vuelven a ponerse crudas, las cofradías están sabiendo de nuevo estar a la altura y saben cómo y cuándo suspender su vida cotidiana. Se trata de hacer el acordeón. De una forma magistral. Y es que no me canso de decir que esto no es gratuito. A pesar de todo, la historia y el patrimonio heredado es el vehículo que nos permite sacar toda la sabiduría necesaria. Como muestra un botón. Y ya desde más de ocho meses, la hermandades en líneas generales están sabiendo estar a la altura de las circunstancias. Adaptándose a cada momento como un acordeón que suena muy pero que muy bien.

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