Sueños esféricos

Juan Antonio Solís

El criadero

HOY toca indignación generalizada. Buscar responsables. Poner a parir a los presidentes de los clubes; a los políticos; a los niñatos. Y no sin razón. Muchos de los que hoy se erijan en espontáneos acusadores clamarán justicia al tiempo que ponen a parir al del coche de delante porque tardan medio segundo en arrancar, una vez abierto el semáforo. Con su hijo de testigo y asimilando como absolutamente natural la destemplada conducta del padre.

Al mismo tiempo, en miles de hogares españoles, otros niños también oirán a su madre y a su padre dialogar sobre la condición salvaje de los participantes en la pelea en la ribera del Manzanares, unas imágenes impactantes, que todas las cadenas han venido difundiendo desde ayer a mediodía. Mientras hablan sobre la barbarie, sus hijos suben el volumen del televisor y disfrutan de unos dibujos animados trufados de acciones violentas, de diálogos preñados de términos agresivos. Y los pequeños, asimilando como algo absolutamente natural la patibuliaria conducta de sus héroes de la pantalla.

Otros muchos menores de edad asisten de la mano de sus progenitores a los estadios dispuestos a animar a sus ídolos. Pero pronto descubren que los gritos de ánimo se tornan berridos con los más difamentes términos, sea al árbitro, al entrenador, a un jugador del rival. A uno del propio equipo, a un negro, a un gitano, a unos seguidores "yonkis y gitanos". Y el zagal, asimilando como absolutamente natural esa conducta de sus principales referentes, su padre, su madre. O ambos.

Punto y aparte para esos chicos, que no son pocos, víctimas directas o indirectas de la violencia de género, lacra de lacras.

Hoy, todos nos indignaremos. Todos pediremos responsables por esa muerte. Bajo nuestro día a día de violencia absolutamente natural, donde se incuban esos engendros llamados "ultras".

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