Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

¿Nos damos cuenta de lo que está pasando…?

Creo que no. No creo que nos hayamos detenido, lo suficiente, para meditar en profundidad lo que está sucediendo. Raro es el día en el que no aflora una nueva señal de peligro que alerta sobre lo que se nos puede venir encima, un aviso que parece querer advertirnos del lío descomunal en el que nos están metiendo.

Un candidato -entonces- a la presidencia del Gobierno de España que, para dejar de ser candidato y ocupar La Moncloa urde una estrategia maliciosa y sin escrúpulos, pero efectiva: sabedor de que la única alternativa factible -ayer por ayer, hoy por hoy, y por desgracia- a su presidencia estaba, y está, en un “Partido Popular” mediocre, desgastado y dividido, fija su objetivo en no depender, en absoluto y para nada, ni de un posible, y más que recomendable, pacto con el centro derecha de “Ciudadanos”, ni del consenso con los “Populares” o la formación naranja que fundase Albert Rivera, ni del posible “silencio” de la derecha -VOX- para permitir un gobierno de coalición de centro-izquierda en el que no estuviesen los que sólo se miran el ombligo, y la cartera, para medrar; y para lograrlo provocan la inestabilidad, el descontento, el odio y la violencia: son los que buscan descomponer España para “componer” sus haciendas: comunistas bolivarianos, golpistas, independentistas radicales y nacionalistas excluyentes.

Sánchez, sin el mínimo pudor y sabiendo -muy bien- lo que quería, se ofreció a los que bien sabían que con él arriba iban a estar mucho mejor que con cualquier otro posible candidato: ni el “PP” ni “Ciudadanos” ni mucho menos “VOX”, consentirían las aberraciones democráticas que esperaban conseguir; pero Pedrito… sí. A Sánchez le da absolutamente igual bajarse los pantalones, para lo que sea que luego le pidan, si a cambio consigue lo único que de verdad le importa, le “motiva” y le condiciona: el poder, cuanto más absoluto, mucho mejor. Una obsesión enfermiza y peligrosa para los que hemos de sufrirla, una fijación patológica que nos va a procurar, a casi todos los españoles, un largo sinfín de calamidades; algunas de ellas podrían llegar a suponer una verdadera tragedia para todos.

“Perico” se lleva al gobierno a los bolcheviques bolivarianos -de caviar y cinco estrellas- sabiendo que estos, sorprendidos y encantados, van a tragar con lo que sea: nunca pensaron en verse en una cómo esta; y sabiendo también, que por no perder las prebendas del chollo que les regala, se plegarán a todo lo que les pida, siempre que les pueda garantizar que van a continuar chupando del bote sin doblarla: ¡a manos llenas y mientras dure!

Después, con frialdad inhumana, les pasa la mano por un lomo cubierto de veneno y púas manchadas con la sangre de cientos de víctimas inocentes, a la bazofia etarra, a la escoria batasuna y a los supremacistas excluyentes del PNV; se echa unos chatos con todos y cada uno de ellos, les promete lo que le piden, y “olvida” crímenes imperdonables, asesinatos espeluznantes, tiros en la nuca, secuestros, torturas, niños masacrados y familias destrozadas; poco le importa nada si consigue lo que quiere: los votos que necesita para sentar sus posaderas en el sillón de presidente.

Luego llegó el turno de bufones y pelalbóndigas, de mamarrachos y sabandijas, de pisabostas, zurullos y demás variedades escatológicas amontonadas en las hordas de orcos golpistas que pacen por la Comunidad Autónoma de Cataluña -con “Ñ” de EspaÑa-. A los que odian España, prohíben nuestra lengua, discriminan a los catalanes no independentistas, incumplen la Ley, desprecian las más altas Instituciones del Estado, ofenden al Ejército y a las Fuerzas de Seguridad, queman fotos del Jefe del Estado y su familia, desobedecen al Tribunal Constitucional, dan un golpe de Estado y proclaman la independencia; a estos, los mima, les regala miles de millones, ignora sus desplantes, ampara sus tropelías, cede a sus presiones, consiente sus insultos e, ignorando las sentencias del Tribunal Supremo, perdona la alta traición y la sublevación preparando los indultos de los que deberían cumplir las condenas a las que, en justicia, fueron condenados.Ataca a la Judicatura, nombrando una Fiscal General del Estado que ni está preparada ni merece el cargo y, para colmo, fue una de sus ministras, por cierto, con muy graves actuaciones a sus espaldas.Ningunea al Ejército, a sus caídos y a sus mandos, con desprecios, ceses improcedentes, expulsiones arbitrarias, ascensos incomprensibles… No celebra el “Dia de las Fuerzas Armadas”, para lo que se las apañó eligiendo a su antojo y conveniencia las fechas de proclamación del “Estado de Alarma”.

Y, ahora, va por la Monarquía. Una monarquía constitucional, ¡ojo!, elegida democráticamente por todos los españoles -más del 90% de votos favorables-; un Jefe del Estado que le hace sombra, que estorba a sus planes truculentos; una persona formada y preparada, con valores demócratas y liberales más que confrontados; un rey que ha querido la inmensa mayoría del pueblo español y que representa la unidad de nuestra Patria. La campaña de acoso y desprestigio ha traspasado límites inaceptables: lo que se hace contra él, Jefe del Estado, se hace contra los españoles y contra España: no se puede consentir.

Lo penúltimo: un ministro -Garzón el papanatas- y un vicepresidente del gobierno -Iglesias “el vallecano”- atacan a quien juraron lealtad: el Jefe del Estado; conspiran contra quien prometieron respetar: el rey; y Sánchez… calla. Ambos, y Pedrito también, juraron la Constitución, cumplir y hacer cumplir la Ley, sumisión a la Jefatura de la nación… ahora, uno por pasiva y los otros dos por activa, no sólo incumplen su juramento, es que atentan contra España, nosotros y el rey, que la simboliza y nos representa; y Sánchez, sigue callando…

No sé cómo va a terminar todo esto. Espero que, antes que llegue la sangre al río -y falta poco-, los que tienen en su mano detener democráticamente este enorme disparate lo hagan cuanto antes, y espero también, que todos los que un día juraron defender España, su unidad y sus instituciones, no olviden su compromiso, como han hecho estos traidores.

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