la columna

José Rodríguez Carrión /

¡El deporte nacional!

¡HAY que ver la de capullos que hay sueltos por esos mundos de Dios! ¡En Jerez, también! No me digan que no hay que ser capullo para dedicarse a destrozar una guardería. ¿Puede alguien divertirse estropeando todo aquello que nuestros chiquitines necesitan para estar bien? ¿A esa gente qué les han enseñado en casa, qué valores les han transmitido? La verdad es que viendo que puedan pasarlo bien impidiendo que los niños vayan a la guarde o simplemente estropeando todo lo que encuentran a su alcance, le da a uno sudor frío de pensar qué pueden ser capaces de hacer estos salvajes. En fin, ahora le toca a la justicia encontrarlos y ponerlos a pintar. Eso sí, si pueden ser las paredes interiores de Puerto II, mejor.

Claro que capullos los hay de todas las nacionalidades. Ayer veía el encierro de los Sanfermines y como un majareta australiano con una tajá solemne chuleaba a un Cebada Gago. El resultado se lo pueden imaginar: un australiano con una cornada de tres pares en el muslo. Ahora disfrutará de nuestra sanidad y de esos magníficos profesionales que por ser funcionarios están tan vituperados por algunos. Celadores, personal de limpieza, de enfermería, de cirugía, etc. se desvivirán para conseguir que sane cuanto antes y pueda volver sano y salvo a su país, a contar a sus colegas lo bien que se lo ha pasado. Entretanto, esos profesionales quedarán esperando a ver cuándo les vuelven a bajar el sueldo, cuándo les vuelven a tocar el tema de la pensión y cuándo alguien vuelve a aliviar sus frustraciones insultándolos sólo por tener empleo fijo ganado en oposición.

Y es que en estos tiempos, ver que hay quienes (ganando más o ganando menos), tienen empleo seguro, jode a mucha gente, que eso sí, nunca se ha planteado sacrificar parte de su vida en prepararse para sacar una plaza en libre concurrencia. Pero es que lo de intentar que los demás estén igual de jodidos que yo o que les bajen el sueldo para que ganen lo mismo que yo (querer ganar lo mismo que ellos sería comprensible), no es solo envidia. Es… ¡el deporte nacional!

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