Si en estos días, en vez de escoger un destino playero, nos dirigimos hacia el este, hacia el Parque natural de los Alcornocales, nos cruzaremos, a buen seguro, con algún camión cargado hasta los topes de corcho. En estos días de junio y julio resuenan por nuestros bosques las hachas que cada diez años despojan a los alcornoques de su piel y sacan las panas de corcho con la que se fabricarán, sobre todo, tapones.

El corcho empezó a utilizarse al final del siglo XVIII como pieza fundamental para tapar vasijas y sobre todo botellas de vino. Ningún producto tiene las cualidades que tiene el corcho para mantener en óptimas condiciones el vino. La mano de obra que produce las faenas asociadas al descorche del árbol ayuda bastante a los pueblos en los que se hallan los principales alcornocales de Cádiz. Y toda una cultura popular entorno a nuestro protagonista enriquece el patrimonio secular del Parque Natural de los Alcornocales.

Algunos municipios como Cortes, Jimena, Alcalá, Castellar y Los Barrios, entre otros, sostienen gran parte de los presupuestos municipales gracias a ese producto. Jerez también tiene montes públicos, los Montes de Propios, gestionados sabiamente por la empresa municipal Ememsa. El problema es que apenas se aporta algún valor añadido a la economía provincial, porque los trabajos de transformación del producto no se quedan aquí. Extremadura, Cataluña y sobre todo Portugal, generan más valor al corcho con su manipulación. Además al ser un producto natural insustituible con monopolio en ventas de los portugueses el valor fluctúa bastante en cada campaña.

Actualmente hay empresas de turismo rural que ofertan la posibilidad de asistir a un descorche. Así que anímense, vayan a nuestros bosques y conozcan un patrimonio etnográfico espectacular. A la vuelta, en cualquier venta, se podrá uno reponer del calor con alguna copa de vino. Pero que tenga la botella tapón de corcho.

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