Notas al margen

David Fernández

Un día maravilloso

EL Festival de Jerez se hace mayor. Cuesta recordar que en la primera edición de la explosión cultural más importante de la ciudad, hubo más personas sobre las tablas del Villamarta en varios espectáculos, que en el patio de butacas. Hoy en cambio, al cumplir la mayoría de edad, es el punto de encuentro del arte flamenco y su centro de negocios. Aquí se reúnen programadores de medio planeta y llena el aforo antes de que sus fieles aficionados sepan qué menú del baile flamenco y la danza española encontrarán al llegar a Jerez.

No hay mejor terapia frente a las penas, y para los cursillistas que pueblan el patio de butacas, el poderío de la marca Festival de Jerez no admite discusión. No sólo vienen a la fuente del flamenco a aprender de la mano de los mejores bailaores de ayer y de hoy respirando el ambiente de sus calles donde nacieron artistas que hoy son leyenda. Tampoco llegan en exclusiva para divertirse, que por supuesto: la ciudad durante 16 días es una gran fiesta.La mayoría ve en la muestra una oportunidad de oro. Y aunque muchos se acercaron a ella por el magnetismo del flamenco, pronto descubrieron un mundo nuevo del que ya no se apartarán y una posibilidad extraordinaria para ganarse la vida.

Que el Festival cumple sus expectativas se refleja en el brillo de las pupilas de los alumnos cuando reciben el diploma de manos de sus maestros. No pocos lo enmarcarán junto a las fotos que se hacen con los artistas para colgarlos a su vuelta en las academias que tutelan en sus países de origen. Y ese veneno también ha contagiado a muchos jerezanos que ya creen de verdad junto a un buen puñado de artistas -no sólo del baile- nacidos de un certamen formidable. El Festival les enseñó a soñar a lo grande con un lenguaje universal. En tiempo récord consagró a figuras emergentes que hoy se ponen el mundo por montera como El Pipa, Mercedes Ruiz, María del Mar Moreno, Andrés Peña, Leonor Leal... En paralelo, se organizan actividades con cierta visión a medio plazo: exposiciones, conferencias, clases magistrales, espectáculos... Aunque su creador, Paco López, defendió una muestra de Jerez hacia el mundo con las clases de baile como piedra angular, al fin los jerezanos son conscientes de que la cultura también es fuente de riqueza con el trabajo bien hecho y la constancia.

El niño cumple los 18 y afirma con orgullo que el baile flamenco interpreta nuevos códigos con naturalidad. Puede llevarte hasta Cuba sin salir de Jerez con la guajira en la voz de David Lagos y el baile infinito de Mercedes. Ya nadie se ríe de él cuando es invitado a los mejores coliseos del mundo. El teatro tiene sus reglas y los conceptos que tanto machacaron maestros como Gades, Maya y Granero -impagable la huella a su paso por Jerez- siguen vigentes como un himno. Ni la depresión económica ha podido con el Festival. Lejos de encogerlo, le otorga más prestigio gracias al empuje de sus profesionales y a la buena mano de Isamay Benavente, su directora. El certamen es por méritos propios la referencia, y no por casualidad los artistas hacen un esfuerzo titánico por estar en cartel al precio que sea. Si público y la crítica -esos héroes de la vida diaria que proyectan el flamenco desde la fila 16- bendicen su arte, la cosecha será buena. Por muchas razones, también porque la clase dirigente siempre apostó por la muestra, felicidades por este bendito paso a dos entre Jerez y la cultura que nació un día maravilloso de 1996 suspirando por su suerte.

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