Antes de su propio nombramiento como presidente del que dicen el país más poderoso del mundo, ya dejó muestras de su esquivo y poco cuerdo ideario, de sus demoníacas intenciones, de su enfermiza personalidad egocéntrica, de su carácter imposible. Todo se magnificó cuando juró su cargo ante el Capitolio de Washington. Poco importaba la diplomacia internacional, el Señor Presidente, abanderado de la estética 'kitsch' y hortera, tenía las ideas claras y, pronto, anunciaría al mundo que primero él, después él y siempre él. En muy poco tiempo se fue cargando a todo aquel que osara contradecirle y no estuviese de acuerdo con su incontestable opinión. El Señor Presidente era casi Dios y por encima de él, nada ni nadie. El mundo estaba en sus manos y que el Verdadero nos cogiera confesados porque, con él o contra él, podía pasar cualquier cosa. En los últimos días, sus locas veleidades y las de su apocado gobierno se han puesto de manifiesto contra los intereses de unos pocos de pueblos andaluces, entre ellos La Roda de Andalucía, allí donde este que esto les escribe nació hace sesenta años; un pueblo que fue un punto importante del ferrocarril de Andalucía y que, desde hace un tiempo, vive de la comercialización de las aceitunas negras. La Roda va a sufrir en sus carnes la arbitraria decisión de subir, de manera desorbitada, los aranceles de las aceitunas porque al gobierno del todopoderoso le ha dado la gana. Los americanos que se vuelven locos por el producto manufacturado en La Roda, por culpa de su presidente no tendrán el exquisito manjar; pero lo malo es que en La Roda y en su zona, muchas criaturitas se verán acogotadas existencialmente por la decisión descabellada de un loco que juega a ser Dios; un dios erróneo que sólo escribe con los renglones torcidos de su inconsciencia.

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