El Palillero

El escándalo de La Roja

Estamos construyendo la reserva populista de Occidente. Un país de pantomimas y falsedades

En los últimos días ha aumentado el número de indignados por culpa de la selección antes llamada La Roja. Se considera un escándalo que hayan destinado unas 50 vacunas de Janssen y Pfizer para los futbolistas, técnicos y personal de la selección, a tres días de la Eurocopa. Algunos denuncian: ¿Y los pobres que se van a quedar sin dosis, por culpa de Luis Enrique y sus muchachos? Son ricos, famosos, van largando CO2 en cochazos, viven en chalés de verdad no de podemitas, ligan en el ocio nocturno, y no han cumplido los 40 años, ni son profesores de nada, por lo que no les tocaba su turno antes que a las cajeras y cajeros de supermercado. Y los ha vacunado el Ejército, como si viajaran a una misión de paz, en vez de jugar en el sevillano estadio de La Cartuja contra Suecia. En este país, donde todavía no han vacunado a Pedro Sánchez ni Juanma Moreno...

Estamos construyendo la reserva populista de Occidente. Un país de pantomimas y falsedades. Entre el populismo de extrema izquierda, que causa estragos mentales, y el de extrema derecha, que también, están acabando con la funesta manía de pensar, a la que ya se maldecía en el siglo XIX.

Vean el origen del mal: cada semana llegan miles y miles de vacunas, y han usado unas 50 para la selección de España, que compite por el honor deportivo de la Patria. Y le han asignado vacunas del Ejército. En el Ministerio de Defensa, cuya ministra Margarita Robles ya está vacunada por su edad, hicieron dimitir al Jemad, el general Miguel Ángel Villarroya, por anticiparse y saltarse la cola. Si bien después lo trasladaron a la misión ante la OEA, con sede en Washington, para compensarle. Y sin olvidar que la ministra de Defensa, tres meses después, destituyó al jefe de la Sanidad Militar, el general Antonio Ramón Conde, "para abrir una nueva etapa vinculada a la innovación", según dijeron. Primera innovación de la Sanidad Militar: vacunar futbolistas.

Por culpa de las vacunas, a la selección se le vuelve a decir La Selección, y ya no le dicen La Roja. Uno de La Roja debe ser un rojo. Un rojo no se puede saltar la cola, ni robar las dosis al pueblo. Un rojo no puede vacunarse para defender a España, ese país cuya bandera es la misma que agitan los fachas en la madrileña plaza de Colón. Y La Roja tampoco es ya lo que era, sin Sergio Ramos ni ningún futbolista camachote del Real Madrid. Cualquier día le darán un indulto a Luis Enrique, al que algunos quieren condenar a la cárcel antes de jugar. Sólo faltaría que ganen la Eurocopa y el doctor Simón acuda a la fiesta sin mascarillas.

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