Desde la espadaña

Felipe Ortuno M.

San Valentín

Si al levantarte sonríes a la vida y el sol te parece tan maravilloso como las nubes; si das gracias, porque sí o porque no, y sabes ver en cualquier caso la mano generosa de la existencia; si al despertar sigues encendido en el sueño y mantienes la sonrisa en la conciencia; si pones la mano en el corazón para sentir su latido y escuchas sus palabras; si te entregas a las tareas generosamente, sin más, solo porque te brota el deseo de hacerlo por los demás; si das por bueno todo lo que los demás hacen y no pretendes sino dar luz a cuantos te rodean; si aceptas con reconocimiento el hacer de los otros y el sacrificio que te ofrecen; si no tienes miedo a ningún rival porque sencillamente no pretendes ganarle a nadie; si sueñas en el transcurso de estar despierto, y vives despierto lo que tu sueño ansía; si la fantasía baila contigo un tango al ritmo inagotable del bandoneón; si no te ocupas en falsear nada ante nadie que se te oponga, y sencillamente eres y dices lo que más sientes, o te entregas en cuerpo y alma; si no buscas estratagemas ilícitas para conseguir superar la carrera que te toca; si respiras el aire invisible y enciendes en ti una luz que te llena de esperanza; si la tierra sonríe y el cielo te habla o llega al fondo de tu alma un rayo imperceptible de su altura; si el invisible aire te llena de serenidad al inspirarlo y te ofrece oxígeno de valde; si crees haber perdido la razón y no te importa y buscas la razón en las cosas más altas, en algo que más valga, que suele estar en una ocupación cualquiera; si te dejas calentar por el fuego que los demás te ofrecen y ves el hilo sutil de Dios en cuantos se te acercan y te hablan; si ablandas la dureza de las decepciones y enterneces tu vida reverdeciendo el desierto de tu corazón; si no te hundes en el pozo de los imposibles y luchas por las pequeñas aventuras de la vida, porque sencillamente eres merecedor de ella; si escuchas el sonido de la naturaleza y te dejas atrapar por su armoniosa melodía; si te dejas sorprender cada mañana, cada tarde, cada noche; si buscas más allá de la oscuridad, más allá del túnel, más allá de la ceguera, en la aventura apasionante, la verdad de cuanto existe; si pones tus armas al servicio del tu y se abre tu yo al encuentro del otro; si te atreves a todo y expones tu ser sin miedo a nada; si dices y haces bien porque el corazón lo quiere; si en el deber cumples cuanto la conciencia dicta; si, ya triste ya alegre, todo lo haces en bien de cuanto te rodea; si vives dejando vivir, no deseando a nadie nada que no quieras para ti; “si eres servicial y no te engríes, si vives la vida sin irritación, gozando con la verdad; si todo lo excusas, si todo lo aguantas y todo lo soportas”, estoy seguro que habita en ti Cupido, y, acaso, también San Valentín.

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