HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Los especuladores

 EL lenguaje de izquierda se amplia para las consignas. El uso de abstracciones es por influencia teológica, después de todo las izquierdas europeas son sectas emanadas del cristianismo, con la pretensión imposible de fundar religiones humanistas sin sagrado y sin misterio. A ninguna mente ordenada le extraña que hayan fracasado. Como máximo, quienes se resisten a abandonar la izquierda, viéndola muy cerca de las cloacas de la historia, se refugian en la melancolía y dicen, con un dejo de tristeza, que nunca se aplicaron bien sus teorías, pero que en un futuro se hará bien y triunfará. Confiamos en no vivir para verlo. Otra salida es mantener izquierdas devaluadas y desvirtuadas, si en algún momento tuvieron valor y virtud, para que por lo menos el nombre sobreviva y dé juego demagógico. Las abstracciones clásicas, libertad, igualdad y fraternidad, no sirven ahora porque la propia izquierda verdadera se ha encargado de convertirlas en amenazas y, la falsa, en símbolos populares de fiesta en tiempos de bonanza.

 En tiempos de economía flaca las abstracciones de las consignas se refieren a entes fabulosos dañinos, espíritus maléficos,  similares a la tarasca o al toro celeste, culpables de que la izquierda no pueda gastarse el dinero de los demás en políticas sectarias favorecedoras de sus partidarios, y para ilusionar una vez más con aplicar bien las tesis socialistas y alcanzar esos tipos de sociedad que vienen en libros de miedo sobre las utopías, salvo en los que las utopías son puras recreaciones estéticas. También Orwell y Ayn Rand les dedicaron páginas a los regímenes ideales de izquierda, y el mito de los esclavos felices es antiguo. La banca, los mercados y, en particular, los especuladores forman la trinidad, uno en esencia y trino en personas, del izquierdismo simple y callejero, sacra eucaristía de la menesterosidad mental. Los dirigentes del progresismo no creen que se puedan fundar sociedades prósperas sin ese monstruo tricéfalo, pero mientras tanto no haya de nuevo dinero para gastar, la agitación de las turbas cumple las órdenes y preserva los intereses de la izquierda en espera de tiempo boyante.

Los mercados y la banca son seres amorfos, misteriosos, sabemos que existen al modo de los ectoplasmas. Por el contrario, los especuladores parecen tener rostros, identidades y lugares de reunión para tramar sus delitos, como gente de vil condición. Han venido a sustituir a los judíos y a las brujas de otras épocas en el odio popular. A los judíos se les atribuían crímenes rituales de niños y envenenamiento de fuentes para propagar la peste. La maldad contra los cristianos era, entre otras, prestarles dinero y exigirles luego la devolución con intereses. La izquierda le hace fiesta a los especuladores cuando le dejan dinero para gastar alegremente; pero, cuando llega la hora de devolverlo, organizan pogromos con los cristianos del 15M. Luego hablan mal de la Edad Media.

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