HABLADURÍAS

Fernando Taboada

De estornudos y otras calamidades

SE hablaba de ella antes del verano, pero competía con otros temas de conversación. Ahora, por fin, la gripe A se ha convertido en la estrella de todos los telediarios. Además ya estamos mucho más informados. De hecho, sabemos tantas cosas sobre la enfermedad que lo más seguro es que la mitad sean embustes. Lo único cierto es que se está haciendo un enorme esfuerzo con tal de combatirla. Menos manifestaciones anti-gripe (que no sé a qué esperan los sindicatos para convocarlas) está tomándose todo tipo de medidas para aplacar la epidemia y, lo que es más importante, para aplacar a una población a la que se le están empezando a poner los nervios de punta.

Habrá mascarillas a tutiplén. Y vacunas. Pero como no habrá tantas como candidatos a contraer la enfermedad, ya me puedo imaginar a esa población algo propensa a los ataques de histeria acampando en las puertas de las clínicas, haciendo colas kilométricas para no quedarse sin su dosis de tamiflú. Conviene señalar que el tamiflú -aunque suene más a fibra sintética para tapizar tresillos que a medicamento- es el nombre de la milagrosa sustancia encargada de inmunizarnos.

Si se estarán extremando las medidas que incluso en los hospitales andaluces hay ahora mismo más médicos de los que hacen falta. O eso parece, porque muchos de ellos van a dejar los quirófanos para dar charlas por los colegios, no sea que las maestras se trabuquen a la hora de explicar la importancia de lavarse las manos y los peligros de sonarse las narices en la manga del jersey.

La duda, con todo, sigue estando en el origen de la gripe. ¿Será, como dicen algunos, un invento de los laboratorios para hacer negocio y dar salida a toneladas de medicamentos que se les iban a caducar en los almacenes? ¿Será la ocurrencia de algún reportero sensacionalista que estaba harto de aburrirse en los plenos municipales?

A mí la versión que más me gusta es la que sostiene que la gripe A es una simple cortina de humo que han corrido los gobiernos para que desviemos la atención de otros problemas mayores. Y puede que tengan razón los que piensan que, con el susto de la gripe, la gente se olvida de la crisis económica. Lo que nadie se ha parado a pensar es que, en un momento dado, la propia crisis es otra cortina de humo para que no reparemos en problemas aún más gordos. ¿Y si el brutal desempleo que hay en España no fuera más que una estratagema para que no hablemos de los vergonzosos arbitrajes en la Liga de Fútbol? ¿Y si el Producto Nacional Bruto, en su caída libre, arroja unas cifras garrafales para que la gente no hable del bache que atraviesa el matrimonio de Jesulín de Ubrique? Estemos atentos. Quizás el cierre masivo de comercios en Jerez no sea un problema en sí, sino una burda maniobra para despistar y para que dejemos de hacer comentarios sobre lo flojo que es este año el programa de fiestas de la Vendimia.

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