La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La estupidez del "destino seguro"

En los congresos sobre el turismo nos toman por tontos, menores de edad y ciudadanos de segunda categoría

Abran las ventanas para que salga todo el humo que nos han vendido estos días en ese congreso internacional de turismo que si usted lo pronuncia en inglés queda la mar de bien en el almuerzo de hoy donde, recuerde, no deben ser más de seis. Hay que comprenderlo casi todo en estos momentos, pero no que nos narren cuentos de hadas. ¿Que se siguen construyendo hoteles en esta Andalucía de la pandemia? Claro que sí. Basta preguntarle a alguno de los grandes constructores o promotores. Te reconocen que les sale más económico seguir con la obra que pararla. A un esqueleto no se le pega el pase en el mercado, pero sí a un edificio terminado. ¿Qué me dicen de la majadería del "destino seguro"? Los políticos usan el calificativo como si fuera el sello de las cinco jotas del jamón, la estrella Michelín o la denominación de origen de la melva y la caballa. ¿Pero quién puede asegurar que un bar, una playa, un poblacho o toda una capital es un destino libre y seguro frente al coronavirus? Directamente nos toman por tontos con la manía de vendernos mensajes positivos. No nos maquillen la realidad. Hagan sus congresos y ofrezcan una imagen de preocupación y de responsabilidad, que no deja de ser eso: imagen. Pero sabemos que los dragones no existen, que Mary Poppins sólo volaba en la película y que, por lo tanto, donde hay personas hay riesgo. Y donde hay movimiento de personas hay todavía más riesgo. La seguridad depende de factores de tan alta volatilidad como, por ejemplo, el sentido de la responsabilidad y de la disciplina de cada individuo. El huésped debe llevar la mascarilla y no estar contagiado, o el camarero tiene que limpiar la mesa al levantarse usted de tomar el café. Y usted puede llevar el virus dentro y no tener ni pajolera idea. Sólo existe una medida infalible: no estar contagiado y quedarse en casa sin contacto con nadie. Así que ya me dirán cómo reparten la Junta, los ayuntamientos o las tómbolas de turno los sellos de destinos seguros. Nos venden cada día el crecepelo, de tal forma que si un marciano aterriza y sólo oye a los políticos, cree que esto es el paraíso por donde se pasean los unicornios. Abran, abran las ventanas y que corra el aire, que nos están intoxicando a base de fantasías, historietas de márquetin y cuentos de la buena pipa. Algunos no tienen sentido del ridículo, fabrican estupideces como rosquillas y creen que cada día hay que sacar un conejo de la chistera. Todo es más sencillo. Protejan a los sanitarios, aseguren las escuelas, mantengan los Ertes todo lo que se pueda. No se necesita más. Salud y empleo. No nos den la tabarra. Estamos fatigados, pero somos mayores de edad.

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