Al escribir este artículo, aun no conocemos el resultado de las elecciones andaluzas. Una de las sorpresas de última hora, ha sido la irrupción de VOX en campaña, un partido que hace seis meses no las tenía todas consigo para concurrir a esta cita electoral. Al margen de los parlamentarios que consiga o no, el subidón de votos que se les augura a nivel nacional impresiona. Nada que no hayamos vivido antes con Podemos y Ciudadanos. El fin del bipartidismo, que lo llaman algunos. El PP les ha sacudido para tapar la hemorragia de votos que huye de una derecha acomplejada, pero la forma en la que Susana Díaz los ha metido en campaña es de estudio. Gratis total para los de Abascal. De todas las descalificaciones vertidas contra VOX me quedo con las de la vicepresidenta Calvo- nunca estuvimos peor representados los andaluces en el gobierno de España-, que los sitúa como partido inconstitucional. Y se queda tan pancha. De ser verdad, habría que preguntarle de qué se queja. El PSOE gobierna con los nacionalistas que quieren quebrar la nación política, con la extrema izquierda bolivariana y con los Bildu etarras- los que ponían las pistolas mientras otros ponían la nuca-. El PSOE tiene experiencia en compañeros de viaje antisistema, xenófobos reconocidos y liberticidas de todo a cien. No he escuchado a Abascal u Ortega Lara glosar a ningún dictador, pero sí a Iglesias licuarse con Chávez, el Che o Stalin. No escuché a esa "extrema derecha" decir que haría azotar a una periodista hasta que sangrase, hubiera tenido que salir del país ese mismo día. Iglesias, sin embargo, se trasladó a vivir con los pijos de Galapagar. El voto a VOX, ya veremos si coyuntural, no solo viene del PP, sino del cansancio del abuso del género, de la memoria, de la historia manipulada y del discurso único. Esto no ha hecho más que empezar.

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