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Las fiestas no se mueven

¿De verdad es lo idóneo que desde el verano ande ya media ciudad pensando en la Feria?

Dentro del clima de desasosiego y resignación que rodea a la suspensión de las principales fiestas de la ciudad, justo es destacar la seriedad con que sus principales actores se han tomado el asunto. Sin las estridencias que más de uno hubiese esperado (y deseado), los cofrades han venido a decir lo obvio, que el culto externo de las hermandades es un fin importante pero no el único. Tampoco los feriantes (que no dejan de ser cofrades de lo suyo) han puesto ningún grito en cielo alguno, conscientes como son de que este año sencillamente no toca.

Por eso sorprende la actitud poco medida que ha venido manteniendo el alcalde Espadas, habitualmente hombre prudente y comedido. Si hace apenas una semana frivolizaba con la posibilidad dolorosamente cierta de suspender las procesiones (venga a mí la OMS…), ahora tan pronto como suspende la Feria amaga con celebrarla en septiembre. Siendo perfectamente comprensible la voluntad de compensar las enormes pérdidas que esta supresión producirá en determinados sectores económicos, creo un error mantener como discurso oficial el señuelo de devolver al ciudadano la fiesta tan pronto como sea posible, ya sea en forma de Feria de San Miguel por todo lo alto, o incluso de magna procesión (tan poco sevillana, por cierto…) con pasos a modo de barroco resarcimiento hispalense.

Cuando los principales indicadores sobre la pandemia prevén los efectos hasta casi el verano y las estructuras del Estado aguantan como pueden sus embates, no parece prudente ni oportuno siquiera contemplar la celebración con retardo de la fiesta, debiendo anteponer a sus posibles réditos económicos la mejor actitud para sacar entre todos esto adelante. ¿De verdad es lo idóneo que desde el verano ande ya media ciudad pensando en la Feria? ¿Es lógico que el curso que viene haya hasta tres periodos de vacaciones, cuatro con las navidades?

Para cuando todo pase, el otoño sevillano ya nos espera con antiguas procesiones de gloria, salidas extraordinarias de imágenes y hasta corridas de toros. Y el Señor del Gran Poder volverá sobre su paso de su histórica visita a los barrios más necesitados, ¿habrá más procesión magna que ésta? Por eso, en estos momentos difíciles lo que conviene es seguir esa línea seria que en realidad nos caracteriza sin darle cancha a los que solo quisieran ver en nosotros poco más que nuestra sempiterna caricatura.

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