EL Partido Popular de Andalucía celebrará los próximos días 1 y 2 de marzo el congreso extraordinario que debe poner fin al largo proceso de interinidad iniciado con la dimisión de Javier Arenas tras las elecciones de 2012. La presencia ayer en Sevilla de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, para presidir la reunión de la junta directiva, sirvió sólo para fijar esa fecha, pero dejó abiertas todas las incógnitas que han provocado en el PP andaluz una situación de crisis que en la práctica ha bloqueado la labor de oposición a la que se ha visto relegado el partido que ha ganado las tres últimas elecciones celebradas en la comunidad. La sucesión de Juan Ignacio Zoido se abre oficialmente, pero en contra de lo que es costumbre inveterada en el PP no hay ningún candidato arropado por el aparato del partido que llegue al congreso investido como nuevo dirigente de la formación. La guerra de guerrillas que desde hace tiempo tiene lugar en la dirección nacional y el hecho de que Mariano Rajoy no haya mostrado ningún entusiasmo por el candidato propuesto por Zoido, sino más bien todo lo contrario, ha creado una situación con pocos precedentes en una formación tan presidencialista como el PP. Pero el problema del PP no ha sido sólo la indefinición sobre el candidato, sino también la falta de un proyecto político para Andalucía. Por eso, al margen del debate nominalista sobre quién debe ser la persona que se haga cargo de la dirección del PP de Andalucía, el partido debe aprovechar el congreso convocado ayer para rearmarse social y políticamente y superar el periodo de incertidumbre y de oposición de bajo nivel que ha marcado la presidencia, interina durante demasiado tiempo, de Zoido. El PP fue votado en las últimas elecciones autonómicas por más de un millón y medio de andaluces que deseaban un cambio en la forma de hacer política en esta tierra. Esa ingente cantidad de ciudadanos ha visto cómo en el último año y medio el potente PP de Javier Arenas se ha desdibujado hasta quedar irreconocible y se ha dejado todo el terreno de juego al PSOE. Ello, a pesar de la convulsión que ha supuesto para los socialistas los sucesivos casos de corrupción, que llevaron incluso a la apresurada salida de la Junta de José Antonio Griñán. La llegada a la Presidencia del Gobierno andaluz de Susana Díaz ha supuesto un refuerzo de las expectativas socialistas reforzadas por el hecho de que enfrente se ha encontrado una oposición debilitada y desarticulada. El PP no puede permitirse el lujo de seguir en la situación de desconcierto en el que se ha visto durante los últimos meses. Sus votantes, evidentemente, no se lo merecen y la situación de Andalucía exige una oposición fuerte que controle al Gobierno y presente alternativas.

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