José Muñoz / Director Del Departamento De Formación De La CEC

La formación, la clave del desarrollo

voces empresariales

NO perdió la oportunidad el nuevo presidente de nuestra comunidad autónoma en su discurso de investidura de reconocer la educación y la formación como uno de las políticas que necesariamente hay que afrontar y reactivar de manera inmediata. "De su calidad depende nuestro futuro", dijo. Algo que debería de estar presente en cualquier decisión que se tomara y que tuviera relación con esta materia. El presidente de nuestro país, en su intervención en el Debate Sobre el Estado de la Nación, también se ocupa de la tarea educativa pero de una manera, desde mi punto de vista, más banal, hablando de regalar portátiles, cuando hay problemas más urgentes que resolver en el panorama educativo y formativo de nuestro país y que nos hacen ser menos competitivos, no solo económica o empresarialmente hablando. Nos hacen menos competitivos como sociedad desarrollada. Los chicos y chicas de 15 años de los países miembros de la OCDE han vuelto a realizar las pruebas para el informe PISA que, cada tres años, nos ofrecen los resultados sobre su capacidad de desenvolvimiento y madurez. En el último informe PISA 2006, España cayó 20 puntos en velocidad lectora y en matemáticas y ciencias, dicho informe nos situó muy por debajo de la media de países que se suponen en desarrollo. Pues bien, este es el reto que hay que asumir. No podemos permitir que la población que debe insertarse en el mercado laboral a unos años vista, que debe desempeñar labores productivas, que debe tomar decisiones en su vida personal, arroje estos resultados en un marco de libre circulación de personas entre toda la Unión Europea. Nuestro país necesita que la educación general de base que se vaya impartiendo en los centros -sin olvidar el papel que ha de desempeñar la familia en esas etapas-sea cada vez más consistente y amplia. Debemos ser exigentes con nuestro sistema educativo y de formación, premiando los objetivos conseguidos, que deben ser cada vez más ambiciosos y no engañarnos bajando esos objetivos, cada vez que nos interese, para salir bien en las fotos estadísticas. Tenemos que ser inconformistas y pedir cada vez más, porque sólo así conseguiremos una sociedad desarrollada, una juventud competitiva y una juventud capaz de tomar sus propias decisiones. Una juventud, en definitiva, con criterio.

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