HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano /

Un fracaso previsto

NO es la primera vez, ni será la última, que hay revueltas en Europa, las más graves en países, según el tópico tradicional, menos temperamentales que los mediterráneos. Hay y habrá disturbios en todas partes, como era de esperar y se viene anunciando hace decenios, porque el multiculturalismo es una de las imposibles aspiraciones espirituales de la progresía paternalista, rica, universitaria y de cultura europea y cristiana, que ha perdido todas las revoluciones y quiere intentarlo por otra vía: la de la ruptura del Estado moderno. Esa progresía no es ya joven y hace tiempo que dejó de ser revolucionaria, pero la nostalgia del vacío le puede, la melancolía romántica del precipicio ha creado en su mente trastornos de la conducta de difícil catalogación. Le cuesta aceptar que el capitalismo sea el sistema más natural para el hombre y se niega a pensar cómo reformarlo sin abolirlo, y no quiere reconocer que la democracia, sin ser natural, es el régimen deseable para las sociedades masificadas y complejas, y no se esfuerza en buscar fórmulas que la mejoren sin dejar de ser democracia.

Hay un progresismo terco que no representa un progreso, pues la terquedad no es signo de inteligencia. Ese progresismo vacío de contenido que aún sueña con sistemas políticos ideales, fue un grave peligro en todos los tiempos y lo sigue siendo ahora. Debería saber, y damos por sentado que alguien entre los progres lo sabrá, que dos o más cultura no pueden convivir en paz. Busquen en la Historia un solo ejemplo y, si lo encuentran, sería cuestión de estudiarlo. No lo encontrarán. No nos saquen la España de las Tres Culturas porque nunca existió, es pura leyenda creada por la propaganda política. Pero, ¡ah!, nos olvidamos de que la progresía tiene compulsiones: "Bien -nos dirá-, las culturas no han podido convivir hasta ahora en régimen de igualdad; pero, ¿y en el futuro?, ¿en ese futuro que estamos preparando para la reconversión de la humanidad?" Tampoco. Quizá en un Estado policial con una dictadura desconocida hasta ahora se consiguiera temporalmente algo. Lo inquietante es que, mientras las culturas se enfrentan entre ellas con una razón clara para la lucha, a quienes no creemos en el multiculturalismo nos lloverán los palos de todas las facciones culturales.

No obstante, queda una esperanza para dentro de siglos o milenios: cuando dos culturas hayan desaparecido entre conflictos y signos apocalípticos, guerras y matanzas, para dar nacimiento a una tercera, se habrá solucionado el problema. Quedará una sola cultura que no convivirá en paz con otras, convencida al fin del fracaso del multiculturalismo. De este ejemplo sí encontramos muchos en la Historia, pero es mejor no estar vivos para cuando empiece el nuevo, si es que no ha empezado ya en Europa, donde aún perviven ideologías que se creen por encima de la naturaleza de la especie humana.

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