Habladurías

Fernando / taboada

El fútbol es la ciencia

CUANDO Einstein le dijo a Charles Chaplin lo mucho que le admiraba por ser tan universal -pues todo el mundo entendía aquellas películas suyas y las aplaudía a rabiar- Chaplin no tuvo que pensar demasiado para devolverle el cumplido:

-Mucho más respetable es lo suyo, señor Einstein, que también lo admiran en todo el mundo y, sin embargo, casi nadie entiende lo que usted hace.

Y es que tiene que dar bastante rabia que uno, después de pasarse años llenando la pizarra de garabatos y de fórmulas, sin apenas salir de verbena con los amigotes, alumbre al final una teoría científica que ponga patas arriba la Física Cuántica, o la Biología Molecular, y todo lo que consiga es que le pongan su nombre a una calle en un polígono industrial. Miren ustedes, si no, en un plano de Jerez, a ver dónde cae la calle Einstein.

El nombre de Stephen Hawking creo que por ahora no se lo han puesto a ninguna calle en nuestra ciudad. Y eso que sus libros se venden por millones (cuestión aparte es que alguien haya sido capaz de leérselos enteros.) Pero no hay que apurarse, ya que sin necesidad de penetrar los entresijos de la Física, todos tenemos unos conocimientos rudimentarios de Termodinámica (y por eso sabemos que el gazpacho sale más fresco si le echamos unos cubitos de hielo); y aunque tampoco acabemos de asimilar las teorías de este señor sobre la sustancia del tiempo, el que más y el que menos sabe la cara que le van a poner cuando llegue a una cita tres cuartos de hora tarde.

Quizás por este distanciamiento que hay entre los postulados de la ciencia especulativa y la vida que se hace en pantuflas, el propio Stephen Hawking (sabiendo que la gente en el ascensor habla del tiempo -pero del tiempo que hace para ir a la playa- ha decidido hacer unas declaraciones sobre un asunto de gravitación universal: los mundiales de fútbol.

Para empezar, demostrando que la Física y la Psicología no andan reñidas, ha recomendado que la selección inglesa vista de rojo, que va mejor para plantar cara al enemigo. Dejando claro que la ciencia puede ser de gran ayuda a la hora de ganar títulos mundiales, ha recomendado al entrenador que saque, mejor que a dos, a tres delanteros. Por si fuera poco, ha elaborado una fórmula matemática para lanzar los penaltis sin que haya margen de error. Y para que nadie diga que a los científicos no les corre sangre por las venas, ha sacado su vena hooligan comparando al jugador uruguayo Luis Suárez con una bailarina. Aunque el propio Hawking reconozca que está entre los grandes misterios de la ciencia, su hipótesis sobre la facilidad que tienen los futbolistas calvos para meter goles, debería hacer replantearse a la Academia Sueca su reparto anual de premios. Se entiende que no haya uno de Matemáticas, pero que no exista el Nobel de Fútbol me parece un escándalo a estas alturas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios