DIARIO DE JEREZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Todos los años le escribo un artículo a la feria. Este año ando como con todo, entre la duda de si debo hacerlo para animar al personal y animarme yo o andar triste, como esos circos pobres que vienen con las ferias, de leones engatados por la ruina, elefantes con lágrimas secas como inmensas legañas y trajes de lentejuelas con el brillo medio perdido. He decidido subirme al trapecio para sobrevolar miedos y tristezas, aunque me dé tanto vértigo como la mayor de las alturas. El funambulismo de la frivolidad también tiene su emoción y sus peligros.

Muchos dirán que con la que está cayendo quién tiene ganas de feria. Yo, más que nunca. Ganas de normalidad. Ganas de vestirme de gitana. Ganas de hacer exaltación de la amistad sin distancia. Ganas de beber no para olvidar sino para vivir en plenitud. Ganas de que me pongan como siempre juicios inoportunos para no desmadrarme del todo y no volver demasiado tarde a casa. Ganas de ver a niñas jóvenes presumiendo y estrenando la vida y a niños enamorándose de cada niña que pasa. Ganas de no llevar la cuenta de muertes y contagiados sino de los días que faltan para que acabe la feria, porque la feria pesa según va pasando como todo lo que pasa de verdad, aunque sea en un escenario de mentira. Ganas de que me duelan lo pies y de que un pellizco me sobrecoja cuando de repente un gitano se encuentre a gusto y cante fuera de repertorio. Ganas de liarme en un mantón. Ganas de que la gitana del clavel dé la lata. Ganas de que mi marido termine por soltar su frase célebre siempre incumplida, el año que viene nos la saltamos. Ganas de que a los que no les gusta la feria me digan horrorizados que todo tiene una edad y yo me piense que la mía es siempre la de la vivir las cosas. Lo que toque.

Por eso estoy feliz hoy. He decidido escribirle a la feria, no a la que debería ser sino a todas las vividas y bien vividas que hoy me llenan de plenitud y de esperanza. Porque igual que cuando se nos muere alguien que quisimos mucho nos hace feliz el haberle correspondido con todas nuestras fuerzas y nos frustra el no habernos podido despedir o no haber sido más extremosos; cuando en la vida pasan cosas, que siempre pasan buenas y malas, ayuda mucho a sobrellevarlas el haber apurado sin cicaterías ni reservas cuanto se ha podido lo que Dios ha puesto a nuestro alcance. A todos los que me habéis hecho disfrutar, gracias. Os espero en la próxima. Con más ganas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios