La gata loca

En estos tiempos de corrección política los autores de los cuentos más tradicionales serían quemados en una plaza pública

La semana pasada dieron la importante noticia de que Epi y Blas habían salido del armario. Lo dijo su propio creador, quien se identifica con Epi y a su pareja, más seria y gruñona, con Blas. Resulta curioso que el programa "Barrio Sésamo" haya desmentido rápidamente la noticia matizando que son marionetas que no tienen orientación sexual. Vamos que son simplemente amigos.

Lo bueno de la infancia y de los cuentos, historietas y dibujos animados, algunos bastante insólitos por llamarlos de alguna manera, es que la cosa más absurda tiene su lógica y hasta su épica. En estos tiempos de corrección política los autores de los cuentos más tradicionales serían quemados en una plaza pública. Los enanos, las brujas, los niños martirizados, el lobo metido en la cama de la abuela, no son sino perversiones para una mente actual. Imagino que se habrán hecho ya versiones actualizadas pacatas al modo de las revisiones de "Los Cinco" de Enid Blyton que tanta controversia generan.

En mis tiempos y, por encima de todos, me entusiasmaban los dibujitos de "La gata loca" que contaban las historias de un triángulo amoroso formado por la gata loca enamorada perdidamente del ratón Ignacio y el perro policía Pupp no correspondido que metía continuamente en la cárcel a Ignacio. El ratón era machista y rematadamente ingenuo. Mientras la gata desojaba una margarita, Ignacio le tiraba ladrillazos a la cabeza que esta interpretaba como señales inequívocas de amor (¿No es adorable?, Se preguntaba continuamente). Un disparate ágilmente narrado y con frases que a los adultos menos pánfilos harían cavilar por mucho tiempo. La serie empezaba siempre con una corona de tres picos que quizás simbolizara el triángulo amoroso que reinaba en la serie. Hay quien ve en la gata y el ratón a Bogart y a Bergman, que digo yo que es mucho ver. Les recomiendo que se metan en internet y vean algún capítulo. Es una serie que hoy en día no podría verse por sublimar la violencia de género cuando en verdad retrata la enajenación cegadora que muchas veces produce y lo ridículos que son los maltratadores. Con el perro policía no me atrevo a hacer interpretaciones que me da miedo.

Lo que quiero decir es que el mundo de teletubbies es muy bonito y confortable, pero resulta difícil encontrar esa pradera verde llena de conejitos con el sol radiante con cara de bebe y personajes que sólo dicen simplezas. La vida es otra cosa y entraña más peligro.

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