Muchos ven ahora en Pedro Sánchez un gran estratega, que, con su sapientísima convocatoria electoral, planificó una carambola milimétrica a seis bandas, para llegar exactamente aquí. Calculó a la perfección la debacle de Cs, el relativo aguante de Podemos, su propia (y por lo visto brillante) pifia, el ascenso de Vox (que le resulta maravilloso), el ascenso del PP, que tal y cual, las CUP, Rufián, el PNV y hasta Teruel Existe. Es el Napoleón de La Moncloa.

Debe de ser que soy inmune al deslumbramiento por halo gubernamental o por resplandor del oropel. Más que un gran estratega, veo un gran estrajeta, además de un gran estragirita, por la de vueltas que ha dado alrededor de su persona, cambiando de palabra y plan. Ya he escrito que su convocatoria electoral sólo le ha servido para estar aún peor que antes, dejándose además muchos pelos de prestigio en la gatera; y que ahora ha ido a refugiarse en los brazos de su ayer no más archienemigo Iglesias para no perder La Moncloa. Por el camino, va a arruinar el crédito del PSOE, entregándolo en cómodos plazos al independentismo y al populismo.

Sin embargo, estoy dispuesto a cambiar de diagnóstico. Para que yo descubriese un gran estratega en medio del gran estropicio, Pedro Sánchez tendría que cazar a Casado. O sea, cuando esté a punto de fracasar su pacto a la izquierda, proponer al PP que le invistiese, apelando a su responsabilidad de Estado y aprovechando el terror de tres cuartos de España al populismo. Si Casado cae, yo me quitaría el sombrero ante el gran estratega, porque habría conseguido mantenerse en el poder (su prioridad), salvar al PSOE para otro buen puñado de años, seguir insuflando en la sociedad, a través de los medios, de la educación y de la cultura, su ideología (que las exageraciones de Podemos haría intragable) y desprestigiar al PP, dejando a Vox más solo que la una.

También lo admiraría si Casado no cae y sigue exigiendo su dimisión y entonces él dimite generosamente por la gobernabilidad de España, recuperando un prestigio que a estas alturas tiene por los suelos, y asegurando, con su sacrificio, el poder al PSOE, que seguiría manejando los hilos de la sociedad. Es menos conveniente para su persona, pero a cambio tiene más grandeza.

Hasta ahí, las posibilidades petrino sanchescas para optar al puesto de estratega. Si lo único que logra es mantenerse unos meses más a costa de hundir al PSOE, no.

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