Manuel Ríos Ruiz

El honor de ser artista invitado

Acotaciones al programa

EN la función de esta noche en el Teatro Villamarta, a cargo de la Compañía de Fernando Romero, figura un artista invitado. Ser artista invitado en todo tipo de espectáculos es un honor indudablemente, y en el género flamenco tiene todavía más importancia, porque el protagonista directo suele tener reparo de tamaña situación, dado que el invitado puede obtener un triunfo apoteósico que eclipse el suyo propio. Sin embargo, en el espectáculo 'Historia de un soldado', aparecerá como artista invitado un maestro bailaor admirado por la afición desde hace muchos años. Es Manolo Marín, el sevillano que a sus setenta y cuatro años continúa demostrando sus valores artísticos en plenitud, junto a su maestría cada vez más acusada y digna de elogio.

Manolo Marín se asomó al baile flamenco contemplando las formas bailaoras de Enrique El Cojo y se afanó en ser artista de verdad, entrañándose en su arte preferido en cuerpo y alma, incluso configurándose un personalidad interpretativa sorprendente, mientras pasaba por los tantos escenarios que acogen al arte genuinamente andaluz por todas las latitudes.

Hoy, cuando es un coreógrafo eminente y un sobresaliente maestro en su academia enseñando sus saberes a sus alumnos con devoción y dedicación verídicas, se nos antoja brindarle la lectura de un soneto escrito en los años cincuenta por un paisano suyo, el poeta Antonio Milla Ruiz, ante la presencia del gran Antonio. He aquí el soneto, que le viene pintiparado a Manolo Marín:

"Se abre el sonido de la incitadora/ música grácil entre alzada y leve,/ que a una sangre emotiva le conmueve/ mágicamente el ser, la tentadora…/ Cunado el ritmo en ascua es todo ahora/ el bailarín la llama en que se mueve/ un plástico Luzbel; oh ángel que atreve/ su ser a un fuego de tensión sonora./Fibras vibrando alientan de un demonio/ lúcido, ágil, trágico, signado/ bautismalmente con el nombre de Antonio,/ Del cuerpo estremecido y embriagado/ un demonio andaluz, ¿un ángel?, huye/ en música al azul, que lo diluye".

Y es que Manolo Marín, el artista invitado de esta velada en el XIV Festival de Jerez, con ser tan ángel en su quehacer gustoso, también es un demonio en su pasión por su arte, sabiendo y proclamando que por mucha técnica que se atesore, no se puede bailar sin un arraigando, profundo sentimiento. Y Manolo Marín ha vivido el baile desde sus formas más tradicionales a los aires evolutivos, especialmente con la llegada del ballet, cuando el baile flamenco se fue adaptando a la escenificación de las músicas influenciadas por los estilos flamencos, incluso a la interpretación de argumentos. Manolo Marín, con sabiduría innata puede ser considerado un intérprete tan consumado como largo de repertorio, puesto que no se le resiste ningún giro a ser plasmado con jondura o con gracia, con maestría iluminada.

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