Su propio afán

Enrique García Máiquez

La in-investidura

LA investidura estará trabada por el centro porque los números no dan. Si fuese fútbol, sería un catenaccio. Es una investidura imposible, una no-investidura, una in-investidura. Con el resultado, no hay suspense. Sin embargo, las posiciones intrigan, por difíciles. Lo más interesante se va a jugar por las bandas, corriendo a un tris de pisar la línea y perder el balón.

Por la izquierda, el PSOE tiene que mantener un endiablado equilibrio con Podemos. No quiere desdeñar a una fuerza que puede hacerle falta, con la que ya gobierna en media España y que tiene ganado el corazoncito de bastantes de sus votantes, empezando por el de un deslumbrado Sánchez; pero no puede echarse indignamente a sus pies. Ya sabe cómo se las gasta Pablo, el castigador, si le dejan espacios. Y Sánchez no puede traicionar descaradamente espíritu del pacto con Rivera, aprobado por sus bases. Yo no le aconsejaría que salga del atolladero a base de arremeter contra Mariano Rajoy, porque ése, ahora, no es su problema, y se le notaría la impostura y el encarnizamiento.

Por la banda derecha, aún es más interesante el juego. Rivera ha de ser consciente de que ha pasado de naranja a mandarina, por lo fácilmente que lo ha pelado Pedro Sánchez. Sólo le habrá compensado el pacto si consigue mantener su halo centrista con guiños al PP. Le aconsejaría que no castigue el riñón de Mariano Rajoy y que no olvide dos cosas: que Rajoy fue el líder más votado y que es un parlamentario poderoso. Debería guardarle, sin empequeñecerse, un doble respeto, el que se tiene a la autoridad y el que se tiene a la potestad. Y todo, nuevamente, sin traicionar su pacto ni dejar de vigilar con el rabillo del ojo sus contoneos de Sánchez por la otra banda, que pueden ser impúdicos.

Mariano Rajoy y Pablo Iglesias, que jugarán al contragolpe, lo tienen más fácil.

Las mentes utilitaristas, en el fondo poco prácticas, dan por amortizada la investidura, porque ya saben el resultado. Pero cuidado: la sesión parlamentaria está destinada a ser mucho más esclarecedora que todas nuestras elucubraciones de las últimas semanas y hasta que las sesiones que vendrán después. Es el momento de poner las cartas sobre el tapete. Veremos hasta qué punto el pacto va de farol, quiénes están pensando en las nuevas elecciones, la resiliencia de Rajoy, cómo es de auténtico el desencuentro entre Podemos y el PSOE, y la autonomía de vuelo de Rivera.

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