CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

Ante la inmigración, confraternidad

JJULES Renard escribió lo siguiente: "Para convivir todos los días con las mismas personas es necesario tener con ellas la actitud que uno tendría si no las viese más que cada tres meses." Con esta palabras quería dejar patente que convivir no es fácil, que es un ejercicio social en el que hay que poner siempre muy buena voluntad. Y siendo así, complicada la convivencia entre familiares, amigos y compañeros, cuán no lo será entre personas de distintas nacionalidades, razas, lenguas, religiones y costumbres. Con motivo del fenómeno de la inmigración, la realidad es que estamos viviendo toda un prueba al respecto de la convivencia. Hay que superarla por mera confraternidad humana. Esa es la razón, por natural y lógica, y no porque se alegue que los españoles también hemos emigrado, como andan diciendo algunos demagogos de tres al cuarto. La emigración española contemporánea, respondió en primer término a la guerra civil y, en segundo, generalmente a un contrato de trabajo en Alemania, ya en la posguerra. Lo cual no quita que haya excepciones que confirmen la regla.

Mas, la inmigración que nos invade, deviene de los más distintos móviles, especialmente del hambre canina de millones de seres de todos los continentes. Por eso tamaña inmigración lleva implícita toda clase de personajes, algunos dispuestos a vivir por encima de todo concepto moral.

Y como sentenció Don Francisco de Quevedo y Villegas, hay que disponerse a todo lo que viniere. Una actitud que debemos adoptar con muchísimo convencimiento en estos lares nuestros, porque si la cantidad de extranjeros que nos rodea es ya un tanto apabullante, resulta que en opinión de los entendidos en estudios sociales y económicos, todavía es necesario que sigan llegando gente de Africa, Europa, Asia, América y Oceanía, para trabajar hombro con hombro con nosotros y poder mantener a esta nación entre las más significativas del universo.

Con este panorama, existen ciudades españolas que se están convirtiendo en unas babeles en potencia. Aunque esto es lo de menos, e incluso tiene su toque de cosmopolitismo. Lo negativo es que una parte bastante apreciable de los extranjeros no se sabe a ciencia cierta de qué viven, hasta que no los detiene la policía con las manos en la masa. Nos referimos a esa mafias que atracan viviendas, bancos y roban automóviles de lujo, en muchas ocasiones con violencia y sangre. Forman un núcleo de la inmigración ilegal sumamente peligroso, que habría que erradicar a rajatabla. Otra clase de gente son los inmigrantes que trabajan en la construcción y en los servicios, forman un colectivo humano variopinto con el que debemos intentar convivir lo mejor posible, porque el mayor porcentaje de ellos se están adaptando a un ámbito dispar del de sus orígenes. Consideramos, pues, que los españoles debemos dar ejemplo de confraternidad humana a otros países de muestro entorno. Y parece que es así por el momento.

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