El balcón del lector

David Puerto Román

Jereces en verano

El vino de Jerez no es estacional. Es cierto que es un vino de alta graduación alcohólica y en ocasiones difícil de entender para quien no está acostumbrado. Pero también hay que poner en valor el reconocimiento internacional que poseen los vinos generosos del Marco. Y el nivel de estos lleva siendo excelente desde hace muchos años.

Por eso, principalmente los jerezanos, los sanluqueños y los portuenses –además de todos los que viven en las zonas de producción del sherry– tenemos que ser abanderados del vino que nace en nuestra tierra. Manzanillas, finos, amontillados, palo cortado, olorosos, cream, etc, tienen cabida en los meses de verano. Sobre todo los de crianza biológica –bajo velo de flor– es decir los finos y las manzanillas. Estos son capaces de combatir el calor como cualquier vino de mesa.

Prueben a disfrutar una manzanilla o un fino muy fríos. Maridándolos con la gastronomía veraniega que ofrece este paraíso llamado provincia de Cádiz.

Con cualquier pescado de la Bahía, con unos buenos langostinos de Sanlúcar, con un queso de la Sierra o con lo que ustedes quieran. Porque los vinos de Jerez también son vinos de verano. O si no, prueben a tomarse una copa de amontillado a las once de la mañana, para abrir boca. Ya muchos lo hacen. Es un placer sí. Quien lo descubre ya no lo pierde. Fresquito o a temperatura ambiente. Para gustos los colores. Sepamos apreciar lo que tenemos aquí.

El vino de Jerez sí es para el verano. Una copa fresquita de cream en la playa. O un oloroso cayendo la tarde, en la barra de un bar acompañado de unos chicharrones. O un arroz –de esos que se comen mucho en verano, en familia– maridado con una manzanilla pasada. O un fino en rama con un tapeo entre amigos. Porque los jereces son atemporales. Y siempre es un buen momento para tener una copa de jerez o de manzanilla en la mano.

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