Si no fuera porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, uno tendería a pensar que todo lo que pasa cerca de la juez Mercedes Alaya con capacidad de desestabilizar o perjudicar a los antiguos inquilinos del Palacio de San Telmo y a su formación política es atraído por la magistrada con la misma fuerza con la que un agujero negro atrapa cualquier partícula de energía cósmica. Y si es en vísperas electorales, siempre lo estamos, mejor. Lo último ha sido la reapertura, por segunda vez, de la investigación criminal por el concurso de adjudicación de la mina de Aznalcóllar, un procedimiento en el que por dos veces ni la juez que se encargó de instruir el sumario ni la Fiscalía apreciaron indicio alguno de delito, pero en el que Alaya se empeña en ver un "poderoso" caso de prevaricación en la actuación de la Administración que presidía Susana Díaz.

Como mis conocimientos del Derecho Penal, en general, y de los procedimientos adjudicatarios de las explotaciones mineras, en particular, son similares a los que tengo de física cuántica, no seré yo quien se atreva a sacar conclusiones de este y otros casos similares que se podrían traer a colación en la ya larga historia del paso de Alaya por el Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla y por la Audiencia Provincial. Todo lo contrario: no hay nada que indique que la magistrada no actúa conforme a su leal y profesional entendimiento del Derecho.

Pero como mero observador de lo que ocurre en ese magma que los periodistas llamamos actualidad, no puede dejar de llamarme la atención que mientras todo lo que hizo, hace y hará esta juez es Justicia en estado puro sin mácula contaminante alguna, todo lo que hizo, hace y hará otra juez, precisamente la que la sustituyó al frente del juzgado encargado de investigar los mismos casos que Alaya dejó a medias, sea presentado como prevaricación vergonzante sin otro objetivo que salvar a los socialistas de los rigores del Código Penal. Si no fuera porque la sustituta de Alaya, María Núñez Bolaños, está siendo literalmente masacrada en su prestigio profesional, a través de una campaña con fines políticos, en un intento por apartarla de la carrera, el asunto hasta daría para hacer algún comentario frívolo.

Pero se está jugando con cosas muy serias y uno no sabe si asombrarse más de la manipulación constante a la que es sometida la Justicia o de la falta de respuesta de los que deberían hacer algo para evitarlo.

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