Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Al otro lado del puente

Hoy es un martes con aire de domingo. Vivimos las postrimerías de los días extraños de la pandemia

HOY es un día raro, un día de fin de puente, ese artefacto laboral y de ocio que dice mucho de nuestro desarrollo –o sea, el fomento de las cosas no perentorias–. Para quienes han podido lanzarse al turismo de interior o viven el remate estival en su segunda vivienda, se trata de una jornada de caravana y retorno al madrugón. La semana por delante y ya acortada es un privilegio de clase media o trabajadora, y quizá este martes no tenga mucho que ver con el resto de segundos días entre los que anclan su vida con cierta seguridad 40 horas a la semana. Game over, como te recordaban las máquinas de petaco o termina el crédito de los videojuegos. Se acabó la partida. Nada grave, bien mirado. Hoy es un martes con aire de domingo. Son días singulares, estos de ayer y hoy. Vivimos las postrimerías de los días extraños de la pandemia.

Surgen anécdotas que salpican nuestro discurrir. Ayer lunes había más profesores que alumnos en muchas facultades, aunque los colegios de niños estaban casi al copo: qué hacer con los hijos cuando los padres no pueden hacer puente. Al subir del subterráneo y tras aparcar sin dificultad, un señor me enfiló desde cien metros en el enorme patio empedrado, donde sólo estábamos él y yo. Era mayor. Como en una película de Hitchcock, cierta inquietud me asaltaba, porque él venía poco a poco hacia mí. Estaba claro que quería a preguntarme algo. Y que no era estudiante. Ya a veinte metros de distancia, movimos nuestras cabezas de arriba abajo; usted dirá, perdone usted. Me quedaba claro que estaba desorientado, le quedaría claro que iba a recibir con gusto su pregunta.

“¿Sabe usted dónde se hacen las pruebas del Covid?”. No entiendo qué puedan ser esas pruebas, pero sí sé que allí a se han puesto vacunas a personas calladas y en fila; más bien de edad provecta, aunque cada día los vacunados iban pareciéndome más jóvenes. “¿Lo han citado hoy? Aquí no hay nadie, ya ve, en el control de acceso que pusieron no está el de seguridad”. “Verá, es que me han mandado un mensaje para este tema, y me sale escrito que pulse en un sitio para confirmar, y no lo consigo, me lío con el móvil y el internet, y como me han citado para el jueves, venía a asegurarme”. Ese es el puente de este hombre. Presa tardía de la tiranía de los enlaces, las webs y las app. Si la firma electrónica ante las administraciones puede convertirse en un agujero negro para un ciudadano, qué decir de la indefensión sienten muchos mayores, entre el temor por su salud y la frustración entre los intríngulis del móvil.

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