Crónica Personal

La ley del mínimo esfuerzo

La mejor manera de que los jóvenes encuentren trabajo es que lleguen al mercado laboral con una preparación óptima

Manuel Castells, que hizo una brillante carrera como docente en París y en algunas de las mejores universidades británicas y estadounidenses, debió llegar cansado a España cuando Sánchez le hizo ministro de Universidades formando parte de la cuota de Podemos. Tan cansado que decidió dedicar el mínimo esfuerzo a su nuevo cometido -con razones de salud justificó Moncloa sus sucesivas desapariciones y silencios- y también decidió que los universitarios españoles no tenían necesidad de esforzarse demasiado para ir pasando de curso y lograr titulaciones que habitualmente solo se consiguen a base de codos y muchas horas de trabajo.

Con la excusa de la pandemia, y en contra del criterio de los rectores y de una gran parte del profesorado, Csstells da por buenos los exámenes on line, lo que evidentemente ha provocado lo que todos, menos él, sabía que iba a provocar: la picardía del corta y pega, de los micros invisibles y de informáticos que previo pago para que los exámenes se conviertan en un coladero. Si ya Celaá con su polémica ley va a provocar que los niños españoles sean los peor preparados de Europa, Castells remata la faena abundando en el mismo criterio: lo que importa es aprobar los exámenes y obtener un título universitario.

Este Gobierno progresista, como le gusta decir al presidente, no sólo va a devaluar los títulos que salgan de las universidades españolas en estos tiempos de pandemia, y quizá los siguientes si sigue adelante la coalición con sus peculiaridades, sino que discrimina a los estudiantes según el nivel adquisitivo de sus padres. Los que puedan pagar los estudios de sus hijos en una universidad extranjera de prestigio, o en una buena universidad privada española que exige un nivel que no se consigue sin esfuerzo, gran esfuerzo, tendrán más puertas abiertas profesionalmente que los que sigan el método Castells.

Los rectores se han caracterizado por ser mayoritariamente progresistas, progresistas de verdad, y que se hayan pronunciado en contra del ministro y sus exámenes on line ya es un signo de que Castells se equivoca y perjudica seriamente a los universitarios españoles.

Ayer se publicaron las cifras de empleo de enero. Escalofriantes. Por el incremento del número de parados y sin sumar los centenares de miles acogidos a ERTE. Y el porcentaje de jóvenes en paro es tres superior a la media europea.

Sánchez pretende incentivar a las empresas que contraten a jóvenes. Buena idea. Pero la mejor manera de que los jóvenes encuentren trabajo es que lleguen al mercado laboral con una preparación óptima. Competitiva. Y no es lo que promueve el Gobierno.

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